La sociedad estaba llena de personas inamistosas, abusivas, inmorales, ignorantes y prejuiciosas que caían en la soberbia sin razón para ello y cuyos corazones estaban presos de los deseos carnales.

Fue en tales circunstancias difíciles de fanatismo y en aquel árido desierto que creció el Santo Profeta (PB). Y aquel período de 13 años acabó finalmente en la instauración del gobierno del Profeta. Él formó una comunidad sobre la base de la creencia en la unicidad divina, el conocimiento, la justicia, la moral, la ética y la generosidad. Transformó la humildad en dignidad y la barbarie en fraternidad. Convirtió el fanatismo en tolerancia y razón. Transformó una situación de ignorancia en conocimiento. Construyó unos cimientos sólidos y racionales sobre los cuales los musulmanes pudieron alcanzar las cumbres de la civilización mundial durante siglos, ascendiendo hasta nuevas alturas inauditas en la historia del ser humano.

Su gobierno no duró más que diez años. Vean ustedes qué importancia pueden tener esos 13 años y la década siguiente en el período de vida de una nación. Es como un momento que pasa muy rápido. En tan breve lapso, comenzó un gran movimiento del que bien podría decirse que dividió la historia humana en dos eras: la preislámica y la postislámica. El Santo Profeta (PB) impulsó a la humanidad hacia delante, fortaleció las bases de la moral y dejó lecciones inolvidables para todos los seres humanos. La grandeza del Mabaz* debe contemplarse desde esa perspectiva.

Hubo, claro está, cierto número de factores interrelacionados que condujeron a ese éxito, pero este se debió principalmente a que el Profeta estaba repleto de espiritualidad, de pureza y de lealtad, y confiaba plenamente en Dios. Esto fue un factor primordial y decisivo en su éxito. Antes de recibir su misión, el Santo Profeta (PB) era la persona más informada y sabia de La Meca. Fue la persona más generosa, respetable y decente de la zona en la que vivió.

Entre aquella gente, tal persona prominente pudo disfrutar de la bendición de Dios y la responsabilidad recayó sobre sus hombros. Esto se debió a que Dios ya lo había sometido a prueba antes. Dios conocía a Su sirviente y sabía a quién estaba encomendando esa responsabilidad. El Santo Profeta (PB) se mantuvo firme. Su resistencia y perseverancia, acompañadas de un profundo conocimiento de la meta que perseguía y de la vía que estaba recorriendo, estuvieron detrás de todos los logros del Santo Profeta (PB) y llevaron al éxito de aquel gran movimiento. Quien está en lo cierto gana siempre, pero hay algunas condiciones previas. Para que el bien prevalezca, uno debe defenderlo. Para ayudar a triunfar a la virtud, hay que perseverar en la vía de la virtud.  

Imam Jameneí, 30 jul 2008