En el nombre de Dios, el Clemente y Misericordioso (1)

La alabanza es para Dios, Señor de los mundos, y vayan los rezos y la paz con nuestro señor y profeta Abulqásim al-Mustafa Muhammad y con su excelsa y pura familia de elegidos, en especial lo que queda de Dios en la tierra.

 

En primer lugar, los felicito a todos ustedes, queridos jóvenes, hijos queridos, tanto a quienes hoy se han graduado y entran ahora a formar parte del círculo de los oficiales jóvenes del Ejército de la República Islámica como a los jóvenes que han recibido hoy sus hombreras y emprenden el camino hacia el servicio. Que Dios les depare éxito a todos ustedes. Quienes hoy reciben sus insignias, quienes ayer recibieron sus hombreras, quienes hoy se han convertido en jóvenes oficiales del Ejército de la República Islámica serán en el día de mañana, Dios mediante, si Dios lo dispone y con la ayuda de Dios, comandantes, responsables y enérgicos directores de las Fuerzas Armadas del país. Han organizado muy bien ustedes el desfile y se ha realizado una bella exhibición. Doy las gracias tanto a los organizadores de la exhibición como a sus ejecutores.

 

Importancia de la seguridad y de preservar los marcos jurídicos

Un asunto fundamental que quiero plantearles en primer lugar, queridos jóvenes, antes de pasar a los siguientes, es que formar parte del Ejército de la República Islámica de Irán no es un mero oficio similar a otras ocupaciones a las que uno puede dedicarse, sino que supone asumir una responsabilidad sagrada. ¿En qué consiste esa responsabilidad sagrada? En preservar la seguridad. La seguridad es una de las necesidades más importantes y determinantes de una sociedad. Si no la hay, en ella no se puede hacer bien nada positivo. Si no hay seguridad en una sociedad y el país es blanco de las amenazas de los enemigos, no pueden realizarse bien labores científicas o de investigación¸ ni actividad económica ni tareas intelectuales y culturales. En un entorno inseguro, en lo que piensa cada uno es en salvar su propia vida. Ustedes ―el conjunto de las Fuerzas Armadas y, en particular, el Ejército de la República Islámica de Irán― son los custodios de la seguridad de este país. Se trata de una valiosa responsabilidad sensible y sagrada, de una importancia extraordinaria. Sepan valorarla.

Por eso mismo, si ustedes que tienen el corazón puro y luminoso albergan desde ahora mismo la intención de acercarse a su Creador con esta actividad, lo que están realizando son actos de devoción. Estos mismos ejercicios o el hecho de ir a clase, así como las misiones que realizan y las grandes tareas que llevan a cabo son todo ello actos de devoción. Cuando la labor es sagrada y la persona tiene intención de acercarse con ella a Dios, es devoción. Esa es la diferencia fundamental.

Como he señalado, la cuestión de la seguridad es de extrema importancia. El mayor golpe que pueden asestar a un país sus enemigos es privarlo de ella. Es algo que ustedes están viendo que han empezado a hacer y están haciendo en algunos países de nuestra región: privar a la gente de esos países de seguridad. Los artífices de esas infamias son conocidos. Las potencias arrogantes del mundo de hoy ―sobre todo, Estados Unidos y los servicios de inteligencia occidentales, respaldados por el dinero de ciertos países reaccionarios de la región― están organizando disturbios en países vecinos nuestros, cercanos a nosotros o de esta región. Lo que hacen es destruir la seguridad, que es el peor acto de hostilidad y la más peligrosa muestra de odio que se puede cometer contra una nación.

Aprovecho la ocasión para decir a quienes se preocupan por su patria en países como Irak y Líbano, que están sufriendo problemas, que la prioridad es poner remedio a la inseguridad. Sus pueblos deben saber que pueden tener reivindicaciones y esas reivindicaciones son de justicia, pero solo son realizables en el marco de las estructuras legales. El enemigo quiere derribar esas estructuras legales. Cuando en un país no existen tales estructuras, se produce un vacío y deja de poder hacerse nada; ninguna medida positiva puede llevarse a cabo. Para nuestro querido país también hicieron ese tipo de planes, pero afortunadamente la nación entró en escena en el momento adecuado y se mantuvo alerta, las Fuerzas Armadas estuvieron presentes y aquello se neutralizó. Este remedio está a la disposición de todos los países que se enfrentan a este problema. Ese es el primer punto. Sepan que ustedes son los custodios de la seguridad, es decir, custodios del principal bien de una nación, que es la clave de acceso a los demás bienes.

 

La tarea del Ejército de la República Islámica es defensiva

El siguiente punto es una comparación entre el Ejército de la República Islámica de Irán y los de las potencias arrogantes. No estoy hablando de todos los Ejércitos del mundo: ni los conozco a todos ni quiero hablar de ellos. De lo que hablo es de los Ejércitos de la Arrogancia. Comparemos nuestro Ejército ―del cual son ustedes los jóvenes, los brotes y las flores recién eclosionadas― y los Ejércitos de la Arrogancia. Hay una diferencia esencial profunda. El Ejército de la República Islámica de Irán se considera a sí mismo, tal como lo hemos definido, custodio de la seguridad de su territorio. Esa es su principal responsabilidad. En cuanto a la misión de los Ejércitos de las potencias arrogantes, se trata en primer lugar de agredir, ocupar y asestar golpes a los países a los que, por los motivos que sean y conforme a ciertos intereses, se pueda dañar. Esa es la diferencia.

Nosotros no hemos comenzado nunca, en el periodo de la República Islámica, ninguna guerra. Defendernos cuando tocaba, sí: con fortaleza y con brío; pero atacar o agredir, ¡jamás! En la filosofía y la lógica del Ejército de la República Islámica de Irán y de las Fuerzas Armadas del sistema de la República Islámica de Irán no está la agresión. Sin embargo, observen ustedes los últimos cien años de los Ejércitos de los países de la Arrogancia ―y si hablo de cien años es porque un servidor tiene conocimiento de una parte importante de estos cien años, habiendo sido testigo de cerca, ya que son cosas sucedidas en nuestros tiempos―. Las huellas de los crímenes de los Ejércitos de las potencias de la Arrogancia en estos cien años son visibles en casi todo el mundo.

 

Crímenes de los Ejércitos sin fe de las potencias arrogantes

El Ejército de Inglaterra cometió tales crímenes el siglo pasado ―es decir, el siglo XX― en el subcontinente indio, es decir, en lo que hoy es Paquistán, India y Bangladés, así como en Birmania y en los pequeños países del océano Índico, que a uno le resulta repugnante incluso recordar cómo atacaron a los pueblos con medios militares. Hay ahí casos de matanzas de una dimensión turbadora, y eso que se trata apenas de una parte de lo que hicieron. El Ejército inglés hizo eso en Oriente. En esos cien años, hicieron lo mismo en Asia Occidental, y lo mismo en parte del norte de África. Cometieron tantos crímenes contra los pueblos que estos jamás lo olvidarán. Aunque los políticos ―tanto los de esos países débiles como los de Inglaterra― hayan querido disimularlo de alguna manera y hacerlo olvidar, son cosas que no se pueden hacer olvidar. Quedaron y quedarán registradas en la historia.

Exactamente lo mismo se da también para el Ejército de Francia. Los franceses, que hoy en día hacen tanto ruido hablando de derechos humanos, de democracia y de cosas de ese tipo, cometieron muchísimos crímenes en el norte de África ―en Argelia, en Marruecos, en Túnez―. Cometieron muchos crímenes en el este de Asia, en Vietnam ―antes de que llegaran allí los estadounidenses―. Fueron al este de Asia y cometieron crímenes. Aquí cerca, en lo que es hoy Siria y el Líbano, el Ejército de Francia cometió crímenes asombrosos y sometió a la población a presiones inmensas. Todo esto ha sucedido en el último siglo. Esa es la naturaleza de los Ejércitos de la Arrogancia.

Cuando le llegó el turno a Estados Unidos, es cosa sabida: en agosto de 1945, Estados Unidos mató en un instante en la ciudad de Hiroshima, con una sola bomba, a cien mil personas. Cuando la bomba cayó en Hiroshima, en la primera hora mató a cien mil personas, y luego a decenas de miles más que murieron o quedaron afectadas progresivamente por el efecto tóxico de la radiactividad. Tres días después, lanzaron otra bomba sobre la ciudad de Nagasaki. Con ella mataron allí a cincuenta mil personas. Se preguntó que, si lo que ellos querían era poner fin a la guerra ―porque dicen que, con eso, lo que querían era acabar la Segunda Guerra Mundial―, con la primera bomba bastaba. ¿Para qué arrojaron la segunda sobre Nagasaki? Lo que responden es que la primera estaba hecha con uranio, mientras que la segunda estaba hecha con plutonio, ¡y la querían probar! De modo que ya ven: para probar una bomba se destruyen las vidas, en un momento, de ciento cincuenta mil personas. Esa es la naturaleza de un ejército arrogante. Así es un ejército sin fe, un ejército sin Dios, un ejército carente de moral. Esa es la diferencia entre los distintos ejércitos. Y eso que apenas estoy señalando algunos ejemplos limitados. Si alguien quiere hablar de los crímenes de los Ejércitos de las potencias arrogantes e ir más allá de los cien años que he señalado hasta los doscientos o trescientos años, se podrían escribir muchos libros, y de hecho hay que escribirlos.

Ahora, veamos: ¿cuál es la base de esos Ejércitos? ¿De dónde salen los medios de que disponen? La base de esos Ejércitos son los Gobiernos arrogantes. Por lo tanto, el problema no está en los Ejércitos en sí, sino en su base: los sistemas arrogantes. Presten atención. Ese es el secreto de que ustedes y yo insistamos, recalquemos y repitamos tanto que nuestra base es el Corán y que queremos un sistema islámico, y ese es el resultado de que la humanidad haya caído en manos de sistemas sin moral, sin fe y sin una orientación correcta. En eso se convierte un ejército. El respaldo de esos Ejércitos que cometieron crímenes en todas partes eran las potencias políticas que gobernaban sus países. Eran ellas las que estaban tras esos Ejércitos, que a su vez conservaron esos sistemas políticos. Así funcionan las cosas.

De esta parte, el sistema islámico valora y honra a su Ejército, a sus Fuerzas Armadas, a su Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, a su Basich y a sus fuerzas de seguridad. Es consciente de su importancia. Y las Fuerzas Armadas son una parte importante e influyente del conjunto del bello e interesante sistema de la República Islámica, compuesta por elementos diversos, de mayor a menor importancia, a lo largo y a lo ancho. Ese era otro punto.

La tercera cuestión concierne a ciertas características del Ejército de la República Islámica, que en estos cuarenta años se ha puesto al servicio de la Revolución islámica con todo su ser, aplicando todas sus fuerzas. Los distintos grupos y organismos del país se vieron frente a una prueba histórica, y cada uno la afrontó de una manera. El Ejército de la República Islámica salió de ella airoso. Este es el juicio que yo puedo hacer respecto al Ejército de la República Islámica. No solo en la primera hora del triunfo de la Revolución, sino incluso ya poco antes, al manifestarse grupos revolucionarios dentro de la tropa. Un servidor está al corriente de las cuestiones castrenses y hoy por hoy, cuarenta y un años después, el Ejército ha dejado una buena imagen de sí mismo con su actuación.

 

Contribución a la Revolución de militares procedentes del régimen anterior

Lo primero es que un gran número de miembros del Ejército de la época de la tiranía idólatra ―que habían conservado su religión y su fe― fueron capaces de salir al ruedo y, en definitiva, dar forma al Ejército de la República Islámica. Miembros del Ejército de la época de la tiranía fueron los mártires Alí Sayyad Shirazí, Mansur Sattarí y Abbás Babaí o, un poco más antiguos que ellos, los mártires Valiolá Falahí y Yavad Fakkurí, así como los difuntos Qasem Alí Zahirneyad y Mohammad Salimí. Pueden ustedes comprobar cómo aquellos rostros relucientes lograron salir al encuentro del sistema de la República Islámica, arrastrando tras de sí a la inmensa multitud del Ejército. Cuando el difunto Babaí era comandante de la Base Aérea de Isfahán, yo fui a visitarla y esa base, cuyo comandante era entonces coronel ―además de un hombre devoto y revolucionario―, se administraba como un grupo del Basich. Yo mismo visité varias partes de ella. En cuanto al difunto Sayyad, era la personificación de la actividad revolucionaria, de la fe y de la convicción religiosa. Ese fue uno de los servicios prestados (a la República Islámica) por los miembros de antes ―por muchas personas, un gran número de ellos―. Yo apenas he mencionado a unos cuantos. Un número considerable de ellos llegó además a la excelsa categoría de mártir. Otros contribuyeron con labores en el sector de servicios, trabajaron y se esforzaron, y un servidor fue testigo de esos esfuerzos.

 

Sacrificios de miembros del Ejército tras la Revolución

En segundo lugar, el Ejército ha hecho sacrificios en todos los escenarios: estuvo entre las fuerzas que intervinieron y se esforzaron en partes del país frente a los separatistas vinculados a potencias extranjeras al principio de la Revolución. En los ocho años de la Sagrada Defensa, la presencia del Ejército fue notable. En la custodia de las fronteras en los años posteriores al triunfo en la Sagrada Defensa, lo mismo. Y en el respaldo al Frente de la Resistencia, el Ejército ha desempeñado un papel que ha quedado registrado y en su momento, en el futuro, quedará claro, se hará público, se escribirá y se difundirá.

Progreso intelectual y religioso del Ejército

En tercer lugar, el Ejército ha operado una metamorfosis en sus capacidades internas: una transformación tanto en la comandancia como en las tácticas operativas, en la construcción y en el pensamiento y la cultura del conjunto de sus miembros. Ese espíritu religioso y de fe que hay en las Escuelas de Oficiales del Ejército de la República Islámica es algo muy notable e importante, que no se ha obtenido con facilidad. Con el paso del tiempo, los mandos devotos y dignos han podido crear esas tradiciones profundas y sólidas. Las orientaciones antirreligiosas del Ejército del período de la tiranía idólatra han dado un giro de 180 grados, y se han convertido en orientación a la religión, la cultura y el Islam.

 

La auténtica libertad de una nación y la necesidad general de discernimiento en el sistema islámico

El siguiente punto tiene que ver con el futuro. Una vez que hemos dilucidado la naturaleza del ejército islámico y señalado en unas cuantas frases la naturaleza existencial actual del Ejército de la República Islámica, existen ciertos deberes respecto al futuro. ¡Queridos míos! Vean ustedes, ¿qué es una nación libre? Si la libertad es un valor, ¿en qué consiste la libertad de una nación? ¿A qué nación se considera libre? La nación libre es aquella que decide y actúa libremente, discerniendo su auténtico interés nacional propio y protegiéndolo para su pueblo con esa independencia de voluntad y acción. Eso es lo que requiere una nación libre, y esas son las características que la definen. Si una nación logra llevar a cabo ese discernimiento de modo cabal y tomar sus decisiones sin dejarse influir por el sabotaje de sus cálculos que haga el enemigo, obtendrá buenos frutos.

El sabotaje de los cálculos. Miren, una de las cosas que hace el enemigo es trastocar la composición de lugar que se hacen los responsables, las personas influyentes en el pensamiento del país y, en un orden de cosas posterior, el común de la gente, para influir en sus cálculos. Es como si, por ejemplo, uno puede introducir un programa maligno en la computadora de alguien, de tal manera que todos los resultados que le dé estén alterados y sean erróneos. En ocasiones, el enemigo influye en la computadora general de la administración de un país, en su pensamiento y en sus cálculos. Una nación libre es aquella que no acepte esa influencia, piense con libertad, en el verdadero sentido de la palabra, y actúe con valentía en pro de su interés nacional. Ahora, ¿qué se precisa para eso? Discernimiento.

Si no tenemos discernimiento, un entendimiento correcto, los ojos abiertos y la vigilancia necesaria, no distinguiremos bien nuestros verdaderos intereses ni la vía correcta de obtener esos intereses, ni reconoceremos bien qué persona debe asumir esa ardua tarea. Cuando falta el discernimiento, se es como una persona sin ojos, que no ve el camino. Así es de importante el discernimiento para un país, para una nación y para todos los individuos de un colectivo. Si, por el contrario, esas características se dan en un país o en una nación, esta alcanzará los resultados que desea. Claro está que eso implica unos requisitos para todos los grupos, incluidas nuestras Fuerzas Armadas. No puede concebirse que haya en el país personas dotadas de discernimiento, y que las Fuerzas Armadas tengan los ojos cerrados y digan: «¡Lo que digan ellos!». No, ese discernimiento es general. En el sistema islámico es así. En el sistema islámico, todos y cada uno de ustedes deben observar, pensar, conocer, distinguir y actuar. Sientan la llamada del deber y estén atentos a que el enemigo no influya en sus composiciones de lugar.

 

Actitud correcta ante el enemigo, ante las propias victorias, ante los bienes mundanos y ante las sediciones

De lo dicho sobre este último punto se infieren varias conclusiones: la primera, que no debe confiarse en el enemigo. No tiene que haber ninguna credulidad ingenua. La segunda, que no hay que perder de vista lo que hace el enemigo. Sus movimientos deben vigilarse de modo constante. Una parte importantes de nuestras Fuerzas Armadas es la dedicada a la inteligencia y la recolección de información. No debe quitarse la vista de los movimientos del enemigo. Hay que vigilar siempre sus programas, sus planes y sus actos. La tercera es que no debe considerarse al enemigo insignificante o incapaz. Como dice Saadí, «No subestimes al enemigo ni lo tengas en nada» (2). Debe conocerse al enemigo en sus justas proporciones, y prepararnos para defendernos frente a las agresiones enemigas.

El siguiente requisito: queridos míos, no hay que vanagloriarse con las victorias. Son valiosas y son motivo de alegría, pero no hay que dejarse ofuscar por ellas. Hay muchos que vencen en un primer momento, pero tras alcanzar ese triunfo se ven inmersos en problemas por alguna causa. El ejemplo histórico conocido es el de la batalla de Uhud, en tiempos del Profeta, quien estuvo presente en ella. El propio Profeta estaba en el campo de batalla y los musulmanes vencieron, pero un descuido hizo que aquella victoria se transformara en derrota, y que un gran caudillo como Hamza ibn Abdulmutalib, señor de los mártires, recibiera el martirio junto a muchos otros. Muchos resultaron también heridos, y el ejército del Islam fue vencido. La victoria debe mantenerse, y eso depende de que se conserven los factores que llevan a ella. Los factores de la victoria son la fe, el esfuerzo constante y continuo, la unidad y la combinación de las fuerzas. Esas cosas no deben perderse.

¡Queridos míos! Tampoco hay que entretenerse con las diversiones insignificantes materiales. Muchos seres humanos tenemos motivaciones buenas, hacemos esfuerzos elevados, pero a veces los pequeños entretenimientos materiales e insignificantes nos parecen importantes, y nos ocupamos en perseguir una posición, propiedades o pasiones carnales. Cuando nos entretenemos, perdemos de vista el objetivo, desaparece eso que dijimos del esfuerzo constante y se pierde el triunfo. Por lo tanto, debemos prestar atención, conservar los factores de la victoria y no entretenernos en diversiones.

Lo que a este respecto corresponde a las Fuerzas Armadas y a las fuerzas del orden es mantenerse alerta frente a las sediciones. El Corán dice en un punto: «La sedición es peor [ashadd] que matar» (Sagrado Corán, 2:191), y en otro: «La sedición es peor [akbar] que matar» (Sagrado Corán, 2:217). Ashadd quiere decir «más duro» y akbar «mayor». Matar es malo, indeseable, pero la sedición es peor. De manera que, si la sedición es peor que matar, las fuerzas que custodian la seguridad deben adoptar la posición y el orden necesarios para hacer frente a la sedición, y mantenerse preparadas para ello. Los organismos deben velar porque así sea.

 

El progreso alcanzado frente al sionismo y la arrogancia, y la importancia de mantener la esperanza en el futuro

El último punto que quiero plantear es la cuestión de la esperanza en el futuro. En sus expresiones y en sus actos, lo que uno ve en los jóvenes del país, en los distintos sectores ―ya sean las Fuerzas Armadas o en jóvenes de muchos otros sectores―, es que, gracias a Dios, están pletóricos y rebosantes de esperanza. Ya pueden aguantarse los enemigos, que quieren que desaparezca de los corazones la esperanza; quieren quitar de los corazones ese resplandor, esa luminosidad. Gracias a Dios, en el país hay mucha esperanza. Debe conservarse. Hay que estar seguros de que Dios el Altísimo cumplirá sus promesas.

Ese cumplimiento de las promesas divinas lo estamos viendo hoy en día con nuestros propios ojos. ¡Queridos míos! ¿Quién imaginaba que el mismo régimen sionista con el que no pudieron las Fuerzas Armadas de varios países ―en una guerra, las tropas israelíes pudieron derrotar en seis días a las fuerzas de tres países árabes, y en otra pudieron infligir la derrota en diez o doce días―, esas fuerzas armadas dominantes con las que no pudieron los Ejércitos de tres países, iban a ser forzadas a retroceder por los jóvenes devotos de Hezbolá, ser derrotadas y alzar las manos para rendirse en treinta y tres días? ¿Y que, más importante aun, iban a ser derrotadas una vez por los esforzados jóvenes palestinos de Gaza ―la minúscula Gaza― en veintidós días? ¿Y otra vez en siete días, tras los cuales pidieron un alto el fuego? ¿Quién imaginaba todo eso? Es lo que sucede cuando hay firmeza, perseverancia, confianza en Dios y fe en las promesas divinas. Lo hemos suceder visto frente a nuestros propios ojos, y en el futuro seguirá siendo así.

Hoy en día estamos viendo cómo la Arrogancia, pese a los ingentes gastos que ha hecho en Asia Occidental ―nuestra región―, a día de hoy ha fracasado. Lo dicen ellos mismos. Dicen que han gastado aquí 7 billones de dólares sin obtener nada. Lo están reconociendo ellos mismos, lo que muestra que puede confiarse en la fuerza espiritual de la fe, apoyarse en ella y tener esperanza en el futuro. Yo les digo a ustedes que esas Marchas del Retorno que se llevan a cabo estos días en Gaza desembocarán un día en un retorno real de los palestinos a su tierra. Los dueños de la tierra regresarán a ella, Dios mediante. Pido al Altísimo que los haga a todos y cada uno de ustedes y a sus familias objeto de Sus gracias.

Con ustedes la paz, la misericordia de Dios y Sus bendiciones.

 

(1) Al inicio de los actos, celebrados en la Universidad de la Defensa Aérea Jatam Al-Anbiya, presentó un informe el general Seyed Abdorrahim Musaví, comandante en jefe del Ejército de la República Islámica de Irán.

(2) Del primer capítulo del GulistánLa Rosaleda») de Saadí de Shiraz: «¿No sabes lo que al héroe Rostam le dijo Zal? No subestimes al enemigo ni lo tengas en nada».