En el nombre de Dios, Clemente y Misericordioso

La alabanza es para Dios, Señor de los mundos, y vayan los rezos y la paz con nuestro señor Abulqásim al-Mustafa Muhammad y con su excelsa y pura familia de elegidos, en especial lo que queda de Dios en la tierra.

 

¡Sean ustedes bienvenidos, queridos hermanos! Esta sesión es para mí una sesión histórica y memorable. Lo que aquí se ha dicho, la poesía que se ha leído y la elegía que se ha declamado son una muestra elocuente de la grandeza de los hechos de Kerbala, así como de la grandeza de Husain ibn Alí (con él la paz). Ha sido muy enriquecedor. Esperemos, queridos hermanos, que lo pasen bien en este viaje, en su propia casa y en la de sus hermanos.

Tengo anotadas unas palabras para decirles. La primera es gracias, de corazón. Les doy las gracias de mi parte y de parte de la gran nación iraní, tanto a ustedes que han llevado a su máximo grado la generosidad, la magnanimidad y la simpatía durante los días de Arbaín, como a la gran nación iraquí en su conjunto, a los responsables del Gobierno de Irak, por garantizar la seguridad y preparar el terreno, y en particular a los grandes ulemas y a las máximas referencias religiosas del país, por propiciar una atmósfera adecuada para el peregrinaje y un entorno de fraternidad entre toda la población y entre nuestras dos naciones. Es realmente de agradecer. De su generosidad con los peregrinos del Imam Husain, queridos hermanos iraquíes que atienden en el camino a los peregrinos, nos cuentan cosas sin parangón; cosas que hoy en día, en el mundo actual, no tienen equivalente; e igual que la propia marcha de Arbaín no tiene igual en la historia, en verdad tampoco hay nada igual ni parecido a su generosidad.

Con su comportamiento y sus actos han dado ustedes una muestra de auténtica generosidad islámica y árabe, todo ello por amor al Príncipe de los Mártires (con él la paz), por amor a Husain ibn Alí. Por ese amor que profesan al Imam Husain lavan ustedes los pies de sus peregrinos, alivian su agotamiento con masajes, les dan comida y les dan alojamiento por ser peregrinos de Husain. Ese amor a Husain ibn Alí es algo extraordinario a lo que ni se ha conocido ni se conoce igual en ningún lugar ni tiempo, y esperemos que Dios el Altísimo acreciente ese amor día a día en sus corazones, así como en los nuestros (El público responde: «¡Si Dios quiere!»).

Bien es cierto que la suerte que tienen ustedes de gozar de todo esto es obra de la magnificencia del Creador. Esta fortuna que ustedes tienen de acoger a los huéspedes del Imam Husain (con él la paz) es algo muy valioso; es una bendición divina, un don de Dios, y hay que reconocer su valía, como yo sé que ustedes la reconocen.

El segundo asunto está en relación con esta marcha de Arbaín, que es con toda certeza un acontecimiento sin par: ni en nuestra época, en ningún lugar del mundo, ni en toda la historia tenemos noticia de una concentración o un movimiento semejante al que se forma cada año ―y cada año con más fuerza que el anterior―. No tiene parangón. Esta corriente cumple una función en la expansión del conocimiento sobre el Imam Husain (con él la paz). Arbaín ha adquirido carácter internacional con esta corriente que se forma fundamentalmente entre Nayaf y Kerbala con la marcha de cada año. Los ojos de la población mundial se han fijado en este inmenso movimiento, y el Imam Husain (con él la paz) y su sabiduría se han hecho internacionales ―mundiales― gracias a él.

En la actualidad, necesitamos dar a conocer al mundo a Husain ibn Alí. El mundo padece opresión, corrupción, vileza y ruindad, y tiene necesidad de la sabiduría, la nobleza de espíritu y la amplitud de miras de Husain. En la actualidad, a la gente del mundo, a los jóvenes del mundo y a las naciones desinteresadas, el corazón les late por una verdad semejante. Dando a conocer al mundo al Imam Husain (con él la paz), se habrá dado a conocer el Islam y se habrá dado a conocer el Corán. Hoy en día se hace propaganda contra el Islam y contra la sabiduría islámica a través de cientos de canales. Frente a este movimiento hostil del frente del descreimiento y la arrogancia, el movimiento de la sabiduría del Imam Husain (P) puede intervenir, resistir y presentar al mundo la verdad del Islam y del Corán. La lógica de Husain ibn Alí (con él la paz) es la lógica de la defensa de la verdad y la justicia, la lógica de la resistencia frente a la injusticia, el desacato, el descarrío y la arrogancia. Esa es la lógica del Imam Husain. Hoy en día, el mundo está necesitado de esa lógica.

Hoy en día, el mundo ve cómo reinan el descreimiento, la arrogancia y la corrupción, cómo reina la injusticia, y el mensaje del Imam Husain es el mensaje de la salvación del mundo. El inmenso movimiento de Arbaín divulga ese mensaje por el mundo. Este movimiento debe, por la gracia, el poder y el favor divinos, reforzarse día a día. Arbaín es ya mundial y lo será aun más. Es la sangre de Husain ibn Alí, que 1400 años después aún sigue bullendo, cada día con mayor frescura y más vida.

Es aquel mismo mensaje que brotó en Ashura de las gargantas de Abu Abdulá y de Zainab al-Kubra (con ellos la paz), en un exilio y soledad totales, el que hoy en día se ha extendido y se extenderá por el mundo entero. Husain (con él la paz) pertenece a la humanidad. Nosotros, los chiíes, nos enorgullecemos de ser sus seguidores, pero el Imam Husain no es solo nuestro: su estandarte cubre a las distintas corrientes islámicas, chiíes y sunníes; a todos. En esta inmensa marcha participan incluso personas que no tienen el Islam por religión, y, si Dios quiere, esta cadena se prolongará. Esto es una señal, una aleya grandiosa que nos está mostrando Dios el Altísimo. Que, en una época en que los enemigos del Islam y de la Umma islámica utilizan contra esta todo tipo de instrumentos y herramientas —ya sea dinero, política o armas—, Dios el Altísimo confiera a la marcha de Arbaín esta grandeza así, de manera súbita, dándole este relieve, es una aleya, una señal divina, una grandiosa señal divina de la voluntad de Dios de ayudar a la Umma islámica. Muestra que la voluntad de Dios el Altísimo es de ayudar al triunfo de la Umma islámica.

La tercera cuestión que les quiero plantear, queridos hermanos, es que tanto ustedes como nosotros debemos hacer estos ritos todo lo fecundos y espirituales que sea posible. Debemos dar día a día más sentido y contenido a estas ceremonias. Quienes se dedican al pensamiento, la cultura y las actividades culturales e intelectuales deben concentrarse en diseñar programas para este inmenso movimiento. El objetivo de todo musulmán debe ser hoy en día crear la nueva civilización islámica.

Eso es lo que queremos hoy. Las naciones islámicas poseen inmensas capacidades que, si se usan, llevarán a la Umma islámica al culmen de la gloria. En eso debemos pensar; nuestro objetivo final es crear la gran civilización islámica. En la actualidad, gracias a Dios, las naciones islámicas se han despertado. La nación iraquí es una gran nación digna, dotada de cultura, de determinación y de voluntad. Los jóvenes iraquíes han mostrado con lo sucedido en los últimos años que tienen la fuerza necesaria para preservar a su pueblo y su país frente a las intrigas mundiales. Esto tiene mucho valor. Los jóvenes iraquíes han podido acabar con el mayor complot interno, que hubiera podido llevar a una guerra civil en Irak.

El complot de Daesh y los takfiríes no era poca cosa. Se había gastado mucho dinero y se habían hecho planes para convertir Irak, un país árabe e islámico fundamental, en campo de batalla de una guerra civil, enfrentando a chiíes y sunníes. Los jóvenes iraquíes pudieron, con la fetua de las honorabilísimas autoridades religiosas de su país, tomar medidas y neutralizar ese complot. No fue tarea menor ni pequeña. Esa gran nación, la nación iraquí, puede llevar su país al culmen de la gloria. (Los asistentes exclaman: «¡Dios es más grande!»).

Esas capacidades deben sacarse a la palestra para que se vean en acción. Si se juntan y se aúnan las capacidades de los países islámicos ―la de Irak, la de Irán y las de los demás países del oeste de Asia y el norte de África―, yendo juntos de la mano, la Umma islámica mostrará lo que es la gloria divina y enseñará a las sociedades del mundo la gran civilización islámica. Ese debe ser el objetivo, y esta marcha de Arbaín puede ser un medio elocuente para alcanzarlo. Intentemos, en esta marcha, multiplicar los lazos sólidos entre hermanos musulmanes, entre iraquíes y no iraquíes de las decenas de países que participan en el evento y son huéspedes del pueblo de Irak, entre chiíes y sunníes, y entre árabes, persas, turcos y kurdos. Estos lazos son motivo de alegría y son una señal de la gracia del Creador. El enemigo intenta sembrar cizaña, pero no ha podido ni, Dios mediante, podrá.

Irán e Irak somos dos naciones conectadas la una a la otra. Nuestros cuerpos, nuestros corazones y nuestras vidas están interconectadas. Lo que crea esa conexión es la fe en Dios y el amor a la Ahl-ul Bait (con ellos la paz), el amor a Husain ibn Alí (con él la paz), que irá creciendo día a día, si Dios quiere. Los enemigos intrigan, pero las intrigas de los enemigos no surtirán efecto alguno (Los asistentes exclaman: «¡Dios es más grande!»). Hace cuarenta años ―¡cuarenta años!— de la Revolución islámica. Desde el inicio de la Revolución islámica hasta hoy han pasado cuarenta años, a lo largo de los cuales Estados Unidos, sus secuaces, sus servidores y sus esbirros han estado haciendo planes, actuando, gastando, amenazando y ejecutando embargos contra la República Islámica.

Pues que se aguanten los enemigos, porque en estos cuarenta años la República Islámica ha pasado de ser un delgado retoño a convertirse en un árbol robusto. «Su base está firme y sus ramas están en el cielo»[1] (Los asistentes gritan: «¡Muerte a Estados Unidos! ¡Muerte a Estados Unidos!»). Si Dios quiere, este grito que dan ustedes contra Estados Unidos, contra el régimen sionista, contra los enemigos y los arrogantes se hará realidad en un futuro no muy lejano (el público responde: «Si Dios quiere»), y si Dios quiere ustedes tendrán éxito.

Vuelvo a reiterarles mi agradecimiento y les digo que la nación iraní les está agradecida a ustedes, queridos hermanos iraquíes, con todo su ser, en particular a ustedes que son responsables de puestos de atención de Arbaín. Les estamos agradecidos de todo corazón y recordamos el verso de Al-Mutanabbi que dice: «Si eres generoso con alguien generoso, lo harás tuyo».

Con ustedes la paz, la misericordia y las bendiciones de Dios.

18/09/2019


[1] Azora de Ibrahim, fragmento de la aleya 24.