Deberían ustedes agradecer a Dios ese acto de manifestación (el peregrinaje de Arbaín). Agradecerlo a Dios implica preservar en ustedes mismos el espíritu y las cualidades de las que han sido testigos y que han sentido durante los dos o tres días que han pasado allí. Deberían preservar esa fraternidad, ese afecto, esa atención a la Wilayat, esa disposición del cuerpo para agotarse y ese acto de preferencia por el esfuerzo, el sudor y la marcha frente a la comodidad y la molicie. Estas cosas deberían aplicarse en todos los asuntos de la vida. Dar las gracias a Dios es eso.

Uno de los criterios de ese agradecimiento es facilitar esa tarea a quienes quieren realizarla. Esta responsabilidad incumbe a los funcionarios de los distintos departamentos del país. A veces ocurren ciertos incidentes. No debería permitirse que esos incidentes se repitan. Deben prevenirlos. También eso forma parte del agradecimiento a Dios. En todo caso, debemos apreciar el valor de esa bendición, porque es una gran bendición.

Con la gracia de Dios, esa bendición será eterna y se convertirá en una fuente de dignidad, orgullo y honor para el pueblo de Irán y para el pueblo de Irak. Claro está que hay en el mundo quienes intentan impedir que ese poderoso faro se vea, pero no serán capaces de hacerlo. Se verá. Están tratando de impedir que se vea y falsearlo, pero ninguno de esos esfuerzos dará fruto. Cuando continúen ustedes el movimiento, este revelará su verdad en el transcurso natural de los acontecimientos.

El Líder de la Revolución islámica

23 de noviembre de 2016