En vísperas del aniversario del levantamiento del 29 de Bahman de la gente de Tabriz
En el nombre de Dios, Clemente y Misericordioso.
Bismil·láhi ar-Rahmáni ar-Rahím. Alhámdu lil·láhi rabbil-‘álamín, was-salátu was-salámu ‘alá sayyidiná wa nabíyyiná abíl-Qásim il-Mustafá Muhámmad, wa ‘alá álihi at-tayyibín at-táhirín al-muntayyabín, sayyimá baqíyyata-lláhi fil-arḍín.
Alabado sea Dios, Señor de los mundos, y la paz y las bendiciones sean con nuestro Maestro y Profeta Abul Qasim Al-Mustafa Muhammad, y con su descendencia purificada, los inmaculados, los elegidos, especialmente con el Remanente de Dios en la tierra.
Muy bienvenidos sean, querida gente de Tabriz y Azerbaiyán, especialmente los jóvenes; especialmente las familias de los mártires. La presencia de jóvenes en esta firme marcha con la que han venido desde Azerbaiyán hasta esta husayniyya es prometedora de una «conexión generacional» entre todas las generaciones pasadas y las actuales de la época de la Revolución en la ciudad de Tabriz y en Azerbaiyán, lo cual constituye una de las más excelsas virtudes de su ciudad y de su provincia.
Este servidor, cada vez que —a lo largo del tiempo— durante el período de la Revolución ha viajado a Tabriz o a otras ciudades de Azerbaiyán, ha sentido que existe una virtud, una preeminencia en los sentimientos, en la mirada y en la perspectiva de esta gente, que uno observa en pocos lugares. El propio acontecimiento del 29 de Bahman del año 1356 de la hégira solar [18/02/1978] es un signo histórico que no puede olvidarse en absoluto. El saber aprovechar el momento, la acción oportuna, el sacrificio, son [algunas de las] características de aquel suceso. Que Dios tenga en su gloria al difunto Imam de los viernes de la ciudad, el finado señor Al-e Hashem (que Dios esté complacido con él), quien en uno de los encuentros describió y expuso acertadamente estas características; y este servidor mismo las ha observado y constatado con sus propios ojos.
Permítanme que, desde el principio, exponga mi principal recomendación: no pierdan este saber aprovechar el momento; no pierdan esta presencia oportuna. Esto es una gran virtud. Azerbaiyán está vivo y goza de vitalidad. Una nación viva y pujante nunca cae en los juegos políticos ni en las diversas artimañas de los enemigos. Gracias a Dios, ustedes han preservado este saber aprovechar el momento y este saber actuar con acierto en cada situación. Este año, [con motivo] del 22 de Bahman, según los informes que nos proporcionaron, [constaba que] todas las ciudades registraron un aumento de participación, y Tabriz duplicó [la suya].
¡Queridos! Nuestro encuentro de este año y este encuentro de hoy, es un encuentro excepcional; difiere de otros años. Este ha sido un año asombroso; este año ha sido un año en el que la nación iraní, en varias etapas, en varios momentos, mostró, manifestó y exhibió su grandeza, su voluntad, su firme determinación y sus capacidades; desde la guerra de los doce días hasta estos últimos días.
Hoy, ciertamente, nos hallamos también en vísperas del mes de ramadán; este es, asimismo, uno de los días benditos. Este año, la gente de nuestro país y, entre ellos, ustedes, querida, resuelta y valiente gente de Azerbaiyán, han podido enaltecer a Irán, han podido honrar a su país. Que yo diga que [han podido] enaltecerlo no es una mera expresión; es algo que nos transmiten los responsables de nuestro país que viajan al extranjero por asuntos políticos. Ellos cuentan que hoy, «Irán ha adquirido un relieve especial ante los ojos de los políticos con quienes nos hemos reunido y con quienes hemos hablado acerca de Irán», y ello se debe precisamente a estas firmes resistencias y a estas demostraciones de poder.
Hoy quiero abordar dos temas; uno [de ellos es] acerca de esta sedición(1) que tuvo lugar hace aproximadamente un mes, cuarenta días atrás. Es preciso hablar sobre ello, es preciso analizarlo. Ciertamente, hace unos días ya me manifesté al respecto, y hoy también hablaré brevemente; sin embargo, aquellos que son dados al análisis, que son dados a la reflexión, deben trabajar [en ello]. La otra cuestión versará sobre Estados Unidos, ese sistema que está, en realidad, en decadencia, ese imperio en caída, sobre el cual diré algunas palabras.
Pero, acerca de esta sedición, déjenme decirles en una frase: ¡Queridos! Lo que ocurrió fue un «golpe de Estado» que resultó fallido. No fue que supongamos que un grupo de jóvenes o no tan jóvenes, en algún lugar, se enfadaron, se movilizaron, emprendieron una acción, protestaron o causaron disturbios; no, fue mucho más que eso: fue un golpe de Estado; pero, ese golpe fue aplastado bajo los pies de la nación iraní.
En resumen, la cuestión es así: los servicios de inteligencia y espionaje de dos países —Estados Unidos y la Palestina ocupada, es decir, el falso y caduco régimen sionista—, con la ayuda de los servicios de inteligencia de algunos otros países —algunos de los cuales conocemos—, han estado buscando durante cierto tiempo, a una serie de individuos malvados o con tendencias a la maldad en nuestro país; los han localizado, se los han llevado, les han dado dinero, les han proporcionado armas, los han entrenado en acciones de sabotaje, los han adiestrado para infiltrarse en centros militares o instituciones gubernamentales, y los han enviado a Irán, a la espera de una oportunidad, para que, en cuanto surgiese, estos comenzasen su labor. Su labor consiste en influir sobre un grupo de personas incautas —jóvenes o no tan jóvenes—, airarlos e incitarlos a entrar en escenarios de confrontación violenta. Esa oportunidad se les presentó; hace aproximadamente mes y medio entraron en acción y lanzaron al frente a estos jóvenes incautos e inexpertos. ¿Hacia dónde [los dirigieron]? Hacia centros neurálgicos: instalaciones militares, infraestructuras básicas, depósitos de combustible, centros militares y gubernamentales sensibles. Allí los lanzaron [al frente], mientras ellos mismos entraban en escena [pertrechados] con diversas armas —pistolas, armas cortas, fusiles, granadas y demás—, y su estrategia era que el movimiento fuese violento y despiadado, emulando los métodos del Dáesh. Decidieron actuar con saña; por ello queman vivo a seres humanos, matan a un niño en brazos de su padre; cometen actos atroces. Y, lamentablemente, un grupo de nuestros compatriotas, a causa de las acciones de estos individuos, partieron a la morada eterna, perdieron la vida.
¿Cuál era el objetivo? El objetivo era debilitar y desestabilizar los cimientos del sistema, tomar los centros neurálgicos, tomar la Radio y Televisión de la República Islámica y cosas por el estilo; eso era lo que pretendían. Las fuerzas de seguridad, las [fuerzas] Basij, la Guardia Revolucionaria y un gran número de jóvenes —que no pertenecían ni a las [fuerzas] Basij ni a la Guardia Revolucionaria— se interpusieron ante ellos. Algunos se enfrentaron a ellos con las manos desnudas, y algunos cayeron en martirio. Pero, ¿qué ocurrió finalmente? Finalmente, lo acepte el enemigo o no lo acepte, ese golpe de Estado que habían preparado dentro del país con tanto esfuerzo, con tal dispendio, con tantas previsiones, se vino abajo, fracasó y se derrumbó. Eso es lo que ha ocurrido. Es un asunto de suma importancia, no algo baladí.
Bueno, lo que ocurrió fue la derrota del enemigo y la victoria de la nación iraní; esto es evidente y manifiesto. Luego, esa extraordinaria marcha del 22 de Dey (12 de enero) y, después, la del 22 de Bahman (11 de febrero), que fue, realmente, una señal divina; ese colosal y multitudinario movimiento del pueblo. Esto es [una] estrategia. Habrá también estrategias posteriores. Este servidor no quiere hablar de manera tajante, pero quiere decir que la nación iraní, que ha logrado emerger victoriosa frente a la malevolencia y la conspiración enemiga de este modo, debe preservar esta victoria, y ello se consigue con preparación, con vigilancia, con unidad nacional.
Pero se derramó sangre sobre la tierra. Estamos afligidos, estamos de duelo por la sangre que se derramó. [Por supuesto] unos eran los propios corruptos, sediciosos y golpistas; otros fueron aquellos a quienes el plazo de la vida no les dio tregua y perecieron, y su asunto es con Dios; con ellos no tenemos cuestión. Pero hubo otros que no estaban entre ellos; eran tres grupos, tres categorías. Yo clasifico a los caídos en tres categorías. Una categoría: las fuerzas defensoras de la seguridad y defensoras de la integridad del sistema; ya sean las fuerzas del orden, ya sean las fuerzas Basij y de la Guardia Revolucionaria, ya sea quienes marchaban junto a ellos y cayeron mártires. Estos se cuentan entre los más excelsos mártires; esta es una categoría. Otra categoría: los transeúntes. Cuando el sedicioso siembra la sedición dentro de la ciudad, no solo perecen quienes se enfrentan a él; hay gente inocente que camina por la calle hacia su lugar de trabajo o hacia su casa; algunos de ellos también cayeron mártires. Estos también son mártires, porque alcanzaron el martirio en la sedición del enemigo. Provenga esta bala de donde provenga, esto ocurrió en la sedición del enemigo, y [por tanto] esta segunda categoría también es de mártires. La tercera categoría: aquellos que fueron engañados, actuaron con ingenuidad, eran inexpertos y se unieron a los sediciosos. Quiero decir que ellos también son de los nuestros, también son hijos nuestros. Algunos de ellos incluso se arrepintieron. Algunos me escribieron cartas diciendo: «Aquel día salimos a la calle e hicimos esto y esto y esto, ¡absuélvenos!». No estaban ni siquiera en prisión, estaban en libertad, [pero] se arrepintieron, erraron. De ellos, quienes murieron fueron considerados también mártires por las autoridades; hicieron bien. Por lo tanto, el círculo de nuestros caídos, a quienes consideramos «mártires», es un círculo amplio. Exceptuando a esos instigadores de la sedición, a los cabecillas y a quienes recibieron dinero y armas del enemigo, al margen de ellos, los demás —ya sean los elementos defensores de la seguridad, ya los transeúntes, e incluso quienes acompañaron a los sediciosos unos pasos—, esos son hijos nuestros. Para ellos imploramos la misericordia [de Dios], imploramos el perdón [de Dios]; erraron, que Dios Todopoderoso perdone sus errores; [así sea], si Dios quiere.
Bien, pues fíjense, surgió un fenómeno creado por los estadounidenses llamado Dáesh, y los propios estadounidenses admitieron, reconocieron que ellos crearon Dáesh, mediante métodos determinados. Dáesh está, más o menos, desmantelado, pero este nuevo grupo es también un nuevo Dáesh. ¡Hay que estar alerta, hay que vigilar! Las autoridades, por un lado; el pueblo, por otro. Especialmente los jóvenes, deben ser conscientes de quién les habla, de quién les hace propuestas.
Si aún quedan en el país personas de este grupo de corruptores principales —que sin duda las hay—, deben ser perseguidas, deben ser castigadas y enjuiciadas; la nación es acreedora en esta causa. Los organismos de seguridad y judiciales están obligados a proceder judicialmente, con justicia, contra aquellos que acompañan, cooperan y hacen causa común con el enemigo —ya sea con hechos, con palabras o con análisis—. Este servidor no es partidario del rigor injustificado, pero la indulgencia injustificada, tanto como el rigor injustificado, causa perjuicios al país. Por lo tanto, según mi firme convicción, el plan futuro de Estados Unidos respecto a la República Islámica es este tipo de acciones, esta manera de actuar. Por supuesto, tengo la certeza de que, merced a la gracia divina, cualquier movimiento de esta índole será aniquilado por la nación iraní, sin duda alguna. La nación, gracias a Dios, está viva, está despierta, está preparada.
Pero en lo que respecta al imperio estadounidense en vías de extinción; ¡realmente camino a la extinción! Tienen problemas económicos, tienen problemas políticos, tienen problemas sociales. Más del cincuenta por ciento del pueblo estadounidense no acepta a su actual presidente. Estos son los problemas de un país. Están sumidos en problemas. Permítanme decir solamente unas palabras. Ya dije aquel día que nuestro problema con Estados Unidos es que ellos quieren devorar a Irán, y la nación iraní es un obstáculo, la República Islámica es un obstáculo. Ellos desean imponer su dominio sobre la nación iraní. Y estas declaraciones que hace el presidente estadounidense —a las que ahora me referiré—, unas veces amenazando, otras diciendo que debe hacerse tal cosa o no hacerse tal otra. El significado de todo eso es que ellos buscan dominar a la nación iraní.
La nación iraní conoce bien sus enseñanzas islámicas y chiíes; sabe lo que tiene que hacer. El Imam Husein (la paz sea con él) dijo: «Alguien como yo no pacta con alguien como Yazid». La nación iraní, en realidad, viene a decir: «Una nación como la nuestra, con esta cultura, con esta historia, con este elevado conocimiento, no pactará con unos gobernantes como esos individuos corruptos que hoy están al frente [del poder] en Estados Unidos».
Todo lo que habíamos oído acerca de la corrupción de estos individuos, por un lado, y ¡el asunto de esa isla infame y corrupta, por otro! Esto es, en realidad, un reflejo de la civilización occidental. Cuando hablamos sobre la civilización occidental, sobre la democracia liberal de Occidente, es a esto a lo que nos referimos. Avanzan durante 200 años, 300 años, y el resultado es eso. Esta isla es un ejemplo; de este tipo de cosas hay muchas. Así como esto no era manifiesto y se hizo manifiesto, hay muchas otras cosas que se harán manifiestas.
Pero en lo que respecta a los asuntos de Estados Unidos. El ambiente propagandístico del gobierno estadounidense y de la prensa y los medios sionistas que actúan en Estados Unidos, en estos días, acerca de Irán, es casi por completo amenazador; amenazan diciendo: «Haremos esto y lo otro». Ustedes, gente de Tabriz, y gran parte de la nación iraní, en este 22 de Bahman, respondieron a estas amenazas; demostraron que estas amenazas no surten efecto y que el efecto de la amenaza es lo contrario; al contrario, genera motivación. La presencia multitudinaria de la nación en esta marcha del 22 de Bahman dio respuesta a muchas de esas palabras sin sentido y desatinadas que profieren los actuales gobernantes de Estados Unidos.
Ellos mismos lo saben bien. Los propios estadounidenses, que ahora no cesan de amenazar con que habrá guerra, con que ocurrirá tal cosa, saben que no tienen capacidad para sostener esas palabras; sus problemas económicos, sus problemas políticos, su crédito y prestigio internacional no pueden soportar un enfrentamiento en esos términos; eso lo saben. Saben muy bien qué porvenir les aguarda si llegasen a cometer un error.
Una de las señales de la decadencia del imperio corrupto y opresor de Estados Unidos es su irracionalidad; son irracionales. Cuando un gobierno realiza una acción, debe tener una lógica detrás de ella; ellos son irracionales. Una de sus irracionalidades es precisamente su relación con los asuntos internos de nuestro país. En primer lugar, pretenden injerirse en los asuntos internos de Irán. Uno de nuestros asuntos internos, que para nosotros reviste una gran importancia, es la cuestión de nuestro armamento. Nosotros debemos disponer de armamento disuasorio. Si un país no posee armamento disuasorio, será aplastado bajo los pies de los enemigos. El armamento disuasorio es uno de los deberes ineludibles de nuestra nación. Los estadounidenses, sin motivo alguno, se injieren en este asunto y dicen: «Tengan misiles así, y no de otra manera; tengan hasta tal alcance, no tengan más de eso». ¿Y a ustedes qué les importa? ¿Qué tienen que ver ustedes con eso? [Esto] es asunto de la nación iraní.
O la cuestión del programa nuclear con fines pacíficos. El programa nuclear con fines pacíficos [lógicamente] no es para la guerra, sino para la administración del país; es para la agricultura, es para la medicina y la sanidad, es para la energía y todo aquello que depende de la energía. La nación iraní está realizando su labor; ¿y a ustedes qué les importa? ¿Qué tienen que ver ustedes con eso? Eso que ustedes dicen —«es nuestro derecho inalienable [y absoluto]»— también está recogido en los propios tratados y estatutos del Organismo Internacional de Energía Atómica; es decir, todos los países tienen derecho a poseer instalaciones nucleares dentro de su país, incluso instalaciones de enriquecimiento. Esto forma parte de los derechos de la nación. ¿Por qué interfieren los estadounidenses? Esto demuestra la desorganización y la falta de coherencia intelectual de los gobernantes de Estados Unidos, de ayer y de hoy —no hay diferencia—, ¿por qué interfieren? Ahora bien, lo más extraño es que interfieren y dicen: «vengan, negociemos sobre su programa nuclear, y que el resultado de la negociación sea que ustedes no tengan esta energía». Si realmente ha de llevarse a cabo una negociación —y no hay nada que negociar—; si se diese el caso de que se realizase una negociación, predeterminar su resultado es una acción equivocada y necia. Bueno, si tú dices: «ven, hablemos para llegar a un acuerdo sobre tal asunto», ¿por qué predeterminas el resultado? [Dicen:] «¡Hay que llegar sí o sí a este acuerdo!». Pues bien, eso es una estupidez; esta acción necia la están llevando a cabo los gobernantes de Estados Unidos, algunos senadores, el presidente y otros tantos.
No reflexionan que el camino para ellos es un callejón sin salida. A ellos les parece —y el presidente de Estados Unidos lo dice reiteradamente— que su ejército es el más poderoso del mundo. Puede que el ejército más poderoso del mundo reciba, a veces, una bofetada tal que no pueda levantarse. Dicen constantemente: «Hemos enviado un portaaviones hacia Irán». Muy bien, ciertamente un portaaviones es un artefacto peligroso, pero más peligroso que un portaaviones es aquella arma que puede enviarlo al fondo del mar.
El presidente de Estados Unidos, en una de sus recientes declaraciones, ha dicho que en 47 años Estados Unidos no ha podido destruir la República Islámica; se ha lamentado ante su propio pueblo de que Estados Unidos lleva 47 años sin poder destruir la República Islámica. Esa es una buena confesión. Por mi parte, le digo: tú tampoco podrás hacerlo.
La República Islámica significa una nación viva. La República Islámica no es un gobierno separado del pueblo. La República Islámica alude a la nación iraní, esta nación firme, esta nación sólida, esta nación que está dispuesta a esforzarse, a trabajar, a luchar por su propio progreso, y que, gracias a Dios, ha progresado en estos 47 años. En aquellos días en que la República Islámica era un árbol joven y delgado, no pudieron arrancarlo de la tierra y desarraigarlo; hoy, gracias a Dios, la República Islámica es un árbol bendito, elevado y fructífero.
Al final de estas palabras, quiero decirles a los queridos funcionarios del gobierno, a las respetables autoridades, que todo el esfuerzo que realizan, todo el trabajo que llevan a cabo, deben duplicarlo, deben incrementarlo. Contamos con muchas capacidades; el [hecho] de que exista inflación en el país es ilógico; la caída del valor de la moneda nacional en tal medida carece de lógica. Esto debe corregirse y, con la esperanza puesta en Dios, se corregirá. Las respetables autoridades han iniciado algunas tareas; deben continuarlas con seriedad, con precisión y teniendo en cuenta todos los aspectos, resolver los problemas internos y generar un clima de estabilidad para los negocios.
Si existe alguna amenaza, también existen, por la gracia de Dios, dispositivos para neutralizar la amenaza. Que el pueblo haga su trabajo, viva su vida, estudie, genere un clima [de estabilidad] para los negocios, realice sus actividades comerciales sin preocupación. Debe imperar en el país un ambiente de tranquilidad, un ambiente de confianza en uno mismo, un ambiente de serenidad; Fa‑anzala‑lláhu sakínatahu ‘alá rasúlihi wa ‘alá l‑mu’minín «Entonces Dios hizo que descendiese Su serenidad sobre Su Mensajero y los creyentes». Que Dios Todopoderoso, si así lo quiere, haga descender la serenidad, la certeza interior, sobre cada persona de este pueblo, y les otorgue Su favor; y que conceda también éxito a las autoridades para que puedan llevar a cabo [sus obligaciones].
Doy la bienvenida a las queridas familias de los mártires que han recorrido este largo camino y han tenido a bien asistir. Espero que, si Dios así lo quiere, todas ellas alcancen el éxito y que Dios Todopoderoso congregue a estos queridos mártires junto al Profeta.
Con ustedes la paz, la misericordia de Dios y Sus bendiciones.