Los tiranos y opresores querían evitar que lo sucedido en la Ashura del Imam Husain (P) se mantuviera vivo, pero Zainab al-Kubra (P) no lo permitió. Ella, que es como una tía para nosotros, hizo dos cosas: la primera fue su cautiverio en Kufa y Siria, su labor de concienciación y sus declaraciones, que sacaron las verdades a la luz; la segunda, ir de peregrinaje a Kerbala en Arbaín —ya fuera el primer año, el segundo o cualquier otro—. Todo esto significa que no hay que permitir que se salgan con la suya intereses espurios y ruines que pretenden que etapas preciadas, influyentes e importantes caigan en el olvido. De hecho, no se saldrán con la suya. Mientras las naciones estén vivas, mientras queden lenguas que digan la verdad y mientras los corazones de los devotos sigan motivados, no podrán hacer que caigan en el olvido, igual que hasta ahora no han podido.