Otro es, queridos míos, que, si la ciencia llega a alejarse de la cultura correcta, caerá en el error. A la bomba nuclear llevó una ciencia compleja de gran utilidad, como es la ciencia atómica, por no ir acompañada de la cultura correcta, la cultura del amor a la humanidad, sino de la cultura falsa de la ambición de poder; y hoy en día la bomba nuclear sigue amenazando al mundo y a la humanidad: como un día esa amenaza se llevó a la práctica, ahora todo el mundo la teme y carece de seguridad.

Nosotros, a pesar de que hubiéramos podido avanzar por ese camino, dijimos con rotundidad y valentía, conforme a los preceptos del Islam, que no lo emprenderíamos. Está mal construirla y está mal guardarla, porque usarla es haram. Si el ser humano fabrica un producto que no puede usar, sino que debe quedarse ahí, eso apunta sin duda a que es haram. Incluso aunque, en un momento dado, nosotros tuviésemos armas nucleares, estaría claro que jamás existiría la posibilidad de que las utilizásemos en ningún lugar, porque son categóricamente haram conforme a los preceptos islámicos. De manera que algo que es haram ¿para qué se van a hacer gastos en fabricarlo? ¿Por qué gastar en guardarlo? Porque guardarlo también es muy costoso; los que las tienen gastan muchísimo solo para guardarlas.

Tengan en cuenta, por tanto, que fue la ciencia sin cultura lo que arrastró la utilísima y sensible ciencia nuclear, que es una industria de gran utilidad para el ser humano, por una vía no pacífica y errada, y de ahí salió la bomba atómica. La ciencia es así. Si no va acompañada de una cultura y una línea de pensamiento correctos, se convierte en algo peligroso.

10/10/2019