En el nombre de Dios, Clemente y Misericordioso (1)

Alabado sea Dios, Señor de los mundos; la paz y las bendiciones sean para nuestro maestro Muhammad y su familia pura, y la maldición de Dios para todos sus enemigos.

Felicitación de la llegada del mes de ramadán a todos los musulmanes del mundo

Estoy muy agradecido a los queridos hermanos que han organizado este programa y nos han hecho dichosos con esta recitación de preciosas aleyas del Corán. Doy las gracias de corazón a todos los honorables recitadores que han hecho hoy sus declamaciones, porque ha sido un auténtico placer, lo hemos aprovechado mucho y nos hemos beneficiado de esas recitaciones, y asimismo también al honorable presentador de la sesión, que la ha dirigido bien.

Lo primero, transmito mis felicitaciones por la llegada del venturoso mes de ramadán a todas las personas que oyen estas palabras y a todos los hermanos musulmanes del mundo entero. Esperemos que Dios nos depare la suerte de poder cumplir con lo que corresponde a este mes. Es un mes para el Corán, de tal manera que, cuando en una preciosa aleya se menciona el nombre del mes de ramadán, se dice: «En el cual se hizo que descendiera el Corán» (2:185). Se trata de una particularidad de gran importancia de este excelso y distinguido mes.

La felicidad en este mundo y el otro depende de que se actúe conforme al Corán

Tengo escritos unos apuntes para hablarles sobre el Corán, pero no hay tiempo. Este es muy reducido y les haré solo un resumen. Del Corán hemos hablado muchas veces, y muchas hemos oído decir que el Corán es el libro de la vida. Esa es la realidad. El Corán es el libro de la vida. Si la humanidad entera adaptara las pautas de su vida al Corán, obtendrían la felicidad tanto en esta vida como en la otra. Nuestro problema es que no lo hacemos. Nuestro problema es que no adaptamos nuestra vida a las pautas del Corán, como quien va al médico y recibe de él una prescripción, pero no la cumple. Ir al médico sin cumplir lo que este prescriba no surtirá efecto alguno, y esa es nuestra situación en la actualidad.

El Corán es tanto un libro de ciencia y erudición como una receta de vida

Igual que el Corán es un libro de ciencia y erudición ―es decir, que sacia el corazón y el pensamiento humanos, porque se trata de una fuente inagotable para las personas dadas a la erudición―, es también además una receta de vida. El Corán, además de su aspecto sapiencial y de erudición, contiene también preceptos para la vida, es decir, que hace próspero el entorno vital y dota la vida de seguridad, integridad y sosiego. «Con ella, Dios guía por caminos de paz a quien busca Su satisfacción» (Sagrado Corán, 5:16). Muestra a los seres humanos las vías hacia la paz, la seguridad y el sosiego. A lo largo de la historia, los hombres se han visto confrontados a la injusticia, la discriminación, la guerra, la inseguridad y el escarnecimiento de los valores, y en la actualidad es igual. El remedio de todo ello es el Corán. Si actuamos conforme a él, todos esos problemas quedarán a un lado, es decir, que si las sociedades humanas cumplen los preceptos prácticos del Corán ―de los que ahora señalaré algunos pocos, en la escasa medida en que tenemos tiempo―, hallará sin duda la salvación de todos estos problemas. Sin ir más allá de lo aparente del Corán, hay en él miles de prescripciones para la vida. El Príncipe de los Creyentes dijo: «Inna-l-Qur’án dahiruhu aniqun wa batinuhu amiq (2)». Aniq quiere decir «asombroso» y «bello». El aspecto exterior del Corán es asombroso y bello. Para quienes poseen una mirada estética, el Corán carece de parangón en cuanto a belleza y capacidad de asombro, mientras que su interior es amiq, profundo.

Preceptos prácticos del Corán para la vida:

1) No poner en el centro la vida de este mundo

Estas cosas que digo ―que están en el Corán y que son una lección de vida― pertenecen al aspecto externo del Corán; a eso que un servidor y otros similares entienden del Corán. De lo contrario, lo que entienden del Corán los seres perfeccionados en la vía de la unicidad divina, lo que entienden de la ciencia las personas firmes y lo que entienden quienes están cerca de Dios respecto a las profundidades del Corán y del océano coránico va mucho más allá de esas palabras. De lo que estoy hablando —esos miles de preceptos de vida— es de esas mismas cosas del aspecto externo del Corán que se ponen en práctica. De esas cosas que son factibles, algunas de ellas tienen que ver con el orden en las pautas de la vida; por ejemplo: «Hay entre las gentes quien dice: “¡Señor nuestro! ¡Danos en esta vida!”, y no tendrán parte en lo bueno de la otra» (Sagrado Corán, 2:200). Algunos limitan todas las pautas de la vida humana, las amistades, las enemistades, las relaciones, los objetivos y las motivaciones a lo que tiene que ver con este mundo. ¿Y qué es «este mundo»? El dinero, el poder, las pasiones. Al hablar de «este mundo» nos referimos a esas cosas. Basan en eso sus amistades; basan en eso sus enemistades; las relaciones que establecen se deben a eso; los esfuerzos que hacen son por eso; sus objetivos están en función de eso; y eso Dios el Altísimo lo rechaza. Dios el Altísimo rechaza que se establezcan así las pautas de la vida: «Y no tendrán parte en lo bueno de la otra». Esa gente obtendrá ciertas cosas en esta vida ―en esta vida temporal y de corta duración―, pero en la vida principal y real, en el otro mundo, donde se sitúa la vida del ser humano, no tendrán nada, no les corresponderá nada ni se beneficiarán de nada.

2) Los verdaderos objetivos de la vida están en la unión de este mundo y el otro

Sin embargo, frente a eso, existe otro modo de establecer pautas para la vida: «Y, entre ellos, están los que dicen: “¡Señor nuestro! ¡Danos lo bueno en esta vida y lo bueno en la otra y protégenos del castigo del Fuego!”» (Sagrado Corán, 2:201). La segunda manera de establecer pautas es esa, es decir, la de quienes buscan en esta vida también lo bueno ―y no cualquier cosa―. No especifica qué quieren que se les dé en esta vida; está claro que esta vida la quieren, pero dicen «danos lo bueno en esta vida», las cosas buenas de esta vida, las cosas adecuadas a la naturaleza profunda y las necesidades reales del ser humano. «Y lo bueno en la otra»: también quieren la otra vida. «Y protégenos del castigo del Fuego». Son personas a las que Dios el Altísimo hace llegar a los verdaderos objetivos de la vida. Hay una serie de aleyas de ese tipo que describen los fundamentos de la vida. Piensen, por ejemplo, en la aleya relativa a los sabios de entre los Hijos de Israel, de los que algunos se dirigían a Qarún para recomendarle: «Y busca, con lo que Dios te ha otorgado, la morada de la otra vida y no olvides tu parte de esta vida y haz el bien igual que Dios te ha hecho el bien a ti» (Sagrado Corán, 28:77). No le decían que se deshiciese de cuanto tenía, sino que hiciese un medio de lo que tenía. El dinero y las riquezas mundanas son un medio para alcanzar las más elevadas posiciones del ser humano ―posiciones espirituales―. Pueden ser un medio. Con dinero, ustedes pueden hacer del mundo un lugar próspero, salvar vidas de seres humanos, eliminar discriminaciones y sacar a los pobres y los débiles de la pobreza y la debilidad. «Y busca, con lo que Dios te ha otorgado, la morada de la otra vida». Lo primero es que lo que tienes a tu disposición es lo que Dios te ha otorgado. Es Dios quien te lo ha dado. Lo segundo es que el camino a seguir consiste en emplearlo por la causa de Dios: «Y no olvides tu parte de esta vida». Las cosas no son de tal modo que tú no lleves tu placer y tu parte. Sí tienes parte; aprovéchala. «Y haz el bien igual que Dios te ha hecho el bien a ti». Presten atención. Esa es la regla de vida que el Islam nos fija, en contra de lo que imaginaba aquel insensato, Qarún, forrado de dinero y sin raciocinio, que decía: «En verdad, soy yo el que lo he obtenido por mi conocimiento». Decía que lo había conseguido él mediante su propia habilidad, cuando no era así. Es Dios el Altísimo quien había puesto los medios con los que él había podido obtenerlo. De manera que así son algunas aleyas del Corán, y son muchas las que hay, que fijan las reglas para la vida.

3) Ordenamiento de las relaciones sociales

Hay otras aleyas que se refieren al ordenamiento de las relaciones sociales. Son preceptos prácticos relativos a las relaciones sociales. Por ejemplo: «Y no os difaméis unos a otros» (49:12). No denigren, y así se pondrá orden en las relaciones sociales. Cuando hablan ustedes mal de alguien, se ensucian el corazón, ensucian el corazón de su interlocutor y sacan a relucir ante tal o cual persona una realidad oculta de un hermano o una hermana devotos. Es una acción errónea e incorrecta. Puede que él o ella hagan lo mismo respecto de ustedes. Es algo que saca del orden correcto la vida y las relaciones sociales.

4) Ser justos incluso respecto a los oponentes y enemigos

Otro ejemplo es cuando ordena: «No dejéis que los malos sentimientos contra un pueblo os lleven a no ser justos» (5:8). Si están ustedes en contra de alguien o son enemigos de alguien, que eso no los lleve a ser injustos ni a cometer un atropello respecto a ese alguien. Fíjense bien en que se trata de un mandamiento práctico. Sí, es posible que estén ustedes en contra de alguien, pero eso no debe hacer que, cuando la razón está de su parte, lo oculten a causa de esa oposición o vulneren sus derechos, cometan una injusticia o se comporten con parcialidad. Si en las distintas comunidades ―en la nuestra propia, sin ir más lejos― actuamos conforme a esa aleya respecto a aquellos a quienes nos oponemos ―es decir, sin ser injustos ni parciales respecto a ellos ni ellos respecto a nosotros―, vean ustedes cuán buena y recta será la situación de esas sociedades.

5) Abstenerse de difundir rumores y mentiras

O, por ejemplo, dice: «Y no vayas tras aquello de lo que no tienes conocimiento» (17:36). Como he dicho, similares a ese hay, en aleyas de ese tipo, miles de preceptos coránicos. «No vayas tras aquello de lo que no tienes conocimiento». No sigas algo de lo que no tienes certeza. No confíes en aquello de lo que no tienes certeza. Ahora el periodismo mundial habitual actúa justo al revés: las cosas sobre las que mienten y difunden rumores son cosas de las que no tienen siquiera información ni conocimiento, y que difunden sin razón. Y, por desgracia, eso también existe en nuestra propia sociedad. Esa aleya está en el extremo opuesto del comportamiento que se da hoy en el mundo. Si cumplimos apenas ese precepto, una parte importante de nuestros problemas se resolverá.

6) No confiar en el opresor

Dice también: «Y no os inclinéis hacia los opresores» (11:113). No confíen en alguien que se comporte de manera inicua e injusta; no tiendan hacia esa persona. Rukún significa tender hacia alguien y apoyarse en ese alguien. No confíen en la persona opresora. El resultado de confiar en los opresores es el que ustedes observan: Estados musulmanes y grupos islámicos confían en los elementos más inicuos y opresores del mundo, y el resultado es el que ustedes están viendo.

7) No traicionar lo que se nos confía

También: «Obrad con equidad. En verdad, Dios ama a los ecuánimes» (49:9). Actúen de manera justa. Se han prescrito la justicia, el equilibrio y la imparcialidad en todos los asuntos de la vida. Igualmente: «No traicionéis a Dios y al Mensajero y no traicionéis a sabiendas lo que se os ha confiado» (8:27). No traicionen los depósitos que les confíen. Esos depósitos no son solo el dinero que tienen ustedes en manos de un servidor. También es un depósito la posición y la responsabilidad que se me ha dado por parte de ustedes. Si yo no actúo bien con ese depósito, estaré traicionando esa confianza. Piensen ustedes en lo que ocurrirá si cumplimos ese precepto. Por lo tanto, lo que tiene el Corán para nosotros incluye estos preceptos prácticos.

8) No temer y mantenerse firmes frente al enemigo

O, por ejemplo: «Así que no tengáis miedo de ellos; tened miedo de Mí, si es que sois creyentes» (3:175), que sigue en la aleya a «Es en realidad el Demonio quien asusta a sus amigos» (3:175). Fueron y dijeron: «Están conspirando contra ustedes, ¡teman!». Asustaban así (a los musulmanes). El Corán dice que no, que no los teman a ellos, sino a Él. Adoren a Dios, confíen en Dios, resistan con firmeza frente al enemigo y podrán hacerlo retroceder. Ese que asusta de los individuos inicuos diciéndole a uno que tenga miedo de tal o de cual persona, que tema de esas potencias y tenga cuidado es él mismo el Demonio. A lo largo de la historia vemos que las personas que han temido a esas potencias tuvieron que pasar por duras pruebas y una vida amarga. Hoy en día, las potencias islámicas ―los Estados islámicos― tienen miramientos con las potencias opresoras del mundo, tienen miedo de ellas y pasan por alto su propia fuerza. El resultado son los golpes que reciben.

El imam Jomeiní (que Dios esté satisfecho de él) nos enseñó a todos esa ausencia de miedo a la fuerza, a no temer a las potencias opresoras y prepotentes. No se me olvida que, en el año 1979, cuando nuestros jóvenes apresaron a aquellos espías estadounidenses y tomaron la casa de espías de EE. UU., algunos presionaban al Consejo de la Revolución para que dijera que los liberaran. Fuimos a Qom por parte del Consejo un servidor, el difunto Sr. Hashemí Rafsanyaní y Bani Sadr. El imam estaba entonces en Qom. Fuimos a verlo y a preguntarle qué hacer. Le dijimos cómo estaban las cosas y que había presiones para que los liberásemos cuanto antes. El imam se volvió hacia nosotros y dijo: «¿Tienen miedo de Estados Unidos?». Yo le dije que no, que no teníamos miedo, y él dijo que no hacía falta liberarlos. Así tal cual ocurrió. Si alguien por temer a EE. UU. hubiera tenido miramientos con ellos, aquel día hubiera tenido resultados muy amargos para el país. En Irán hemos visto casos de Gobiernos y fuerzas políticas que temían al enemigo, y a los que ese miedo les creó numerosos problemas. El Corán dice: «Así que no tengáis miedo de ellos, tened miedo de Mí» (3:175); donde «tened miedo de Mí» significa «tened en consideración Mis disposiciones». Allá donde Dios el Altísimo ha ordenado que luchéis, luchad; y, allá donde ha ordenado que os retengáis, reteneos. Eso es lo que quiere decir «tened miedo de Mí».

9) Llevar a cabo la oración como recuerdo de Dios

Del mismo modo, dice también: «Haced la oración en recuerdo Mío» (20:14). Ahora, con ocasión del mes de ramadán, tengamos en cuenta la aleya de «haced la oración en recuerdo Mío». Es otro de esos preceptos prácticos. La oración es para recordar, para rememorar. Preserven la oración para recordar a Dios. Si en la actualidad lo cumplimos por nosotros mismos ―que es algo que podemos cumplir todos: hacer la oración con atención, sin poner el corazón en otro sitio al rezar, rezando para recordar a Dios el Altísimo―, con toda seguridad tendrá muchos efectos en nuestra elevación espiritual. Igualmente, «¡Oh, creyentes! Volveos a Dios con un arrepentimiento sincero» (66:8); porque estos días son días para el arrepentimiento y la súplica de perdón y para volverse hacia el Creador. Quiera Dios el Altísimo dar a toda nuestra nación y a todos los musulmanes la suerte de poder cumplir sus deberes islámicos de Ramadán. Actuemos conforme al Corán. Los preceptos coránicos ―esos miles de preceptos prácticos del Corán― son realizables, pueden cumplirse. Eso sí, la responsabilidad de los gobiernos es mayor. La responsabilidad de las fuerzas que rigen el país y los directivos de la sociedad es mayor.

Parece que se nos ha acabado el tiempo. Creo que la llamada a la oración debe de ser ahora, de manera que pongo fin a mis palabras. Estoy muy contento. La de hoy ha sido una sesión muy positiva, y vuelvo a dar las gracias a todos los que han participado en su organización.

Con ustedes la paz, la misericordia de Dios y Sus bendiciones.

NOTAS

(1) En el comienzo del acto, que ha tenido lugar en la modalidad de videoconferencia, varios recitantes del Corán han realizado sendas lecturas rituales del Libro Sagrado.

(2) Cima de la elocuencia, Sermón 18.