Aquí mismo, en Teherán, el presidente de un país conocido de la región ―no quiero decir cuál: un país relativamente avanzado de Asia que tenía un progreso económico muy notable y una economía en fuerte crecimiento― vino hace doce o trece años y se reunió con un servidor. Fue en la época en que se había producido aquel gran terremoto económico en los países del este asiático. Él presidía uno de aquellos mismos países. Vino a verme y, al entrar en la sala, de las primeras cosas que me dijo fue: “Caímos en la mendicidad de la noche a la mañana”. Eso es lo que pasa cuando la economía es muy dependiente del capital y la voluntad de algún capitalista judío, occidental y estadounidense; que el presidente de un país que funciona, con una economía dinámica y con un crecimiento económico fuerte te dice: “Caímos en la mendicidad de la noche a la mañana”. Es lo que tiene depender del extranjero. 18/02/2018