«Tengan ustedes presente que decir de palabra, sin más, «astagfirulá, astagfirulá, astagfirulá» con la atención perdida por aquí y por allá no sirve de nada. Eso no es una súplica de perdón. Un ruego de perdón es una plegaria, un ruego. La persona debe pedir a Dios de verdad, implorando el perdón divino y la generosidad del Creador: «¡He cometido este pecado, Señor! Ten piedad de mí, perdona este pecado mío». Pedir perdón así por cualquiera de nuestros pecados traerá consigo con seguridad el perdón divino. Dios el Altísimo ha dejado esa puerta abierta.

»Eso sí: en la sagrada religión del Islam, confesar los pecados ante los demás está prohibido. Eso que hay en otras religiones de ir a un templo y reunirse con un sacerdote, un cura, y confesarle los pecados en el Islam no existe; tal cosa está prohibida. Ser indiscreto respecto a uno mismo y revelar a otros los propios secretos y pecados está prohibido y no sirve de nada. Aunque en esas religiones se plantee una creencia ilusoria y tergiversada según la cual el cura perdona los pecados, no es así. En el Islam, el único que perdona los pecados es Dios. Ni siquiera el Profeta puede perdonarlos. Una preciosa aleya dice: «Si, cuando fueron injustos consigo mismos, hubieran venido a ti y hubieran pedido el perdón de Dios y el Mensajero hubiera pedido perdón para ellos, habrían encontrado a Dios perdonador y misericordiosísimo con los creyentes» (4:64). Es decir, que el Profeta pide el perdón para ellos. El propio Profeta no puede perdonar los pecados. Solo puede hacerlo Dios el Altísimo. Eso es la súplica de perdón, que ocupa un lugar verdaderamente importante» (14/09/2007).