Extractos de declaraciones del imam Jameneí en una reunión con la Junta Directiva y representantes de la Asamblea de Expertos del Liderazgo.

Necesidad de llevar los valores y conocimientos islámicos al terreno de la práctica

Una de las necesidades de todas las sociedades y países islámicos, y en especial de nuestro querido país, que gracias a Dios se rige por el sistema islámico, es que pongamos en práctica sobre el terreno los conceptos islámicos. El sistema sapiencial y de valores del Islam es un conjunto de conceptos que supone una gran e importante tarea llevar a la gente y ponerlos en práctica. Allá donde nosotros realizamos esa tarea respecto a cualquiera de esos conceptos ―como ahora contaré de modo somero―, fue de gran valor para la nación, para el país y para el honor del Islam y de la República Islámica; y dondequiera que nos descuidamos, sufrimos esa privación. Lo que quiero decir en definitiva es que los epígrafes y conceptos de la sabiduría islámica ha de dotarse de un carácter funcional y trasladarse a la práctica, y que practicarlos debe ser posible y hacerse común, lo cual no sucederá por sí solo y requiere un esfuerzo. Ahora daré dos o tres ejemplos al respecto.

Creación del movimiento de ayuda devocional como extensión práctica del concepto de muasat

Piensen, por ejemplo, en este mismo caso reciente del coronavirus. El concepto de muasat [ayuda mutua, consuelo, beneficencia] es un concepto clave en el conjunto y sistema de valores y sabiduría del Islam, que con un poco de divulgación en la sociedad ha dado lugar en este mismo periodo a un movimiento: el movimiento de ayuda devocional. Y se ha hecho mucho. La gente llevó la muasat de la posición de un concepto acreditado y valioso del derecho religioso, que todos aceptaban, al terreno práctico, y ya vieron ustedes cuánto se trabajó por todo el país, cuánto valor se creó y las cosas que hicieron los jóvenes, la gente, los colectivos, los organismos gubernamentales y los organismos institucionales revolucionarios. Se inició y se llevó a cabo un movimiento, se resolvieron ciertos problemas y se comenzaron ciertas labores. Fue el concepto de muasat el que proporcionó ese impulso y el que tenía la capacidad de ejercer esa influencia y de influir en la sociedad.

Popularización y puesta en práctica de conceptos de valor por el imam Jomeiní (q. e. p. d.)

Vayamos aun más lejos. Esos importantes conceptos que empleó el imam (de quien Dios esté satisfecho), como el concepto de tawakkul (confianza en Dios), el de taklif (deber asignado) o el de izar (altruismo) ―que son todos ellos conceptos de derecho religioso, al fin y al cabo―, así como el concepto de shahada (martirio, testimonio) o el de yihad (lucha o esfuerzo virtuosos), se sacaron a la palestra y, con la presencia, el dinamismo, la explicación y la voluntad del imam, que contaban con la aprobación de la voluntad divina, entraron en la práctica en la vida de la gente. El resultado fue, por ejemplo, que nosotros pudiéramos vencer a nuestros oponentes durante ocho años en una guerra en realidad internacional. Aquel grandioso movimiento de la gente en el campo de batalla fue producto de esos conceptos. El imam los difundió entre la gente y los llevó del plano conceptual del Corán, los hadices, etc., donde nosotros los leíamos y hablábamos de ellos, al de la práctica. Ese es un aspecto.

Efecto de la puesta en práctica en la vida cotidiana de los conceptos de valor y sabiduría

Otro ejemplo que a mí me parece más importante que esos es el de la noble aleya que dice: «Y no hemos enviado Mensajero alguno sino para que sea obedecido, con el permiso de Dios» (4:64). Fundamentalmente, el envío de mensajeros divinos es para se los obedezca. Esa obediencia es absoluta; es decir, que se produce en todos los asuntos de la vida. El significado que se deduce del versículo es que la vida de la gente ―ya se trate de la vida personal privada o de la vida pública― debe regirse por la religión. Por supuesto, es posible que haya quien reduzca esta a cuestiones personales como la oración canónica, el ayuno, etc. No es así; primero, por el carácter absoluto de esa misma aleya; y en segundo lugar, por otros versículos, como el que dice: «¡Cuántos profetas combatieron, y muchos de sus seguidores espirituales con ellos!» (3:146). Al fin y al cabo, ¡ese combate con muchos seguidores no es un asunto  personal! Es una actividad social, pública y de gobierno. Así que ese es un significado que se deduce de esa aleya. El imam llevó esa idea al terreno práctico. De la noble aleya que dice: «En verdad, os recomiendo una cosa: que os pongáis en pie por Dios, por parejas o individualmente» (34:46), extrajo esa idea, y no que «os pongáis en pie por Dios, por parejas o individualmente» para ir a rezar, sino para erigir un gobierno, para erigir el sistema islámico. El imam puso eso en aplicación, puso en marcha un movimiento en el año 1963, y después a lo largo del tiempo, y los pensadores, los interesados, los devotos y los discípulos del imam, con él mismo a la cabeza, alimentaron esa idea hasta desencadenar el acaecimiento, el surgimiento y el triunfo de la Revolución, y la formación del Gobierno surgido de la Revolución. Por tanto, vean ustedes de qué manera pueden influir en la vida los conceptos coránicos e islámicos y los conceptos sapienciales del Islam cuando se ponen en práctica. En fin, esa es una muestra de la influencia milagrosa de ese mecanismo y ese movimiento. En cuanto a la manera en que ese movimiento ha de llevar a cabo, esa es otra cuestión distinta.

Necesidad del Gobierno islámico de contar con herramientas apropiadas del sistema sapiencial del Islam

Bien, se formó el sistema islámico. Lo que quisiera decirles es que, una vez que el sistema islámico se formó, planteó ciertos ideales relacionados con el Islam y tomados del Corán. Antes de formarse el sistema islámico, esos ideales estaban ahí como un deseo, o quizá se presentaran a la mente de algunos como deseos inalcanzables, como pueda ser un alzamiento por la justicia, como no soportar ser tratado injustamente, que no hubiera arrogancia, que no hubiera injusticia, como la buena vida, la elevación moral del ser humano, la difusión de las virtudes y ese tipo de ideales. Todos esos son ideales islámicos. Son ideales planteados por la República Islámica. Pero no eran cosas a las que se pudiera atender de manera práctica. Al fin y al cabo, para alcanzar esos ideales hacen falta ciertas herramientas, y esas herramientas con las que podemos alcanzar esos ideales existen sin duda en el propio sistema de conocimiento del Islam, porque no es posible que nos digan el destino y nos inciten a llegar a él, sin poner el camino ante nuestros pies. Eso no puede ser. Por lo tanto, el camino está en el Libro y en la tradición. Ahora, dado que el sistema islámico quiere alcanzar esos ideales, debe investigar esos medios y herramientas que están entre los conceptos espirituales y el sistema sapiencial del Islam, encontrarlos, llevarlos a la práctica y ponerse en marcha. Son en realidad un software para el hardware que es el gobierno islámico. Piensen ustedes en el gobierno islámico como un soporte material; sin el sistema operativo adecuado, no sirve para nada. Y ese sistema operativo consiste en aclarar las vías para alcanzar esos ideales y que el movimiento en ese sentido prosiga.

Necesidad de poner al día el pensamiento islámico como software del gobierno islámico

Hoy les quiero decir lo siguiente: que el sistema islámico necesita, por lo tanto, un tal sistema operativo. En la medida en que el sistema islámico se extiende, se extiende el ámbito de sus actividades y estas se incrementan, se abren ante la República Islámica nuevos campos y se presentan ante ella nuevos desafíos; desafíos que antes no existían; porque, según pasa el tiempo, se plantean al sistema islámico nuevos desafíos, nuevos campos y nuevas actividades, y en esa misma medida necesita ir renovando y actualizando ese sistema operativo y ese conjunto espiritual. Eso es lo que quería decir. Es eso lo que se debe exigir con vehemencia a los eruditos, expertos y pensadores. Cuando hablo de poner al día el pensamiento islámico ―es decir, el sistema sapiencial y epistemológico del Islam―, renovarlo y actualizarlo, en modo alguno me refiero a manipular ese sistema espiritual. No. Lo que quiere decir es que en el Libro y la tradición hay verdades en las que no reparamos y a las que no prestamos atención hasta que nos vemos necesitados de ellas. Cuando las necesitamos, les prestamos atención. Hay muchos ejemplos, de los que ahora mencionaré algunos.

Ejemplos de precisión conceptual e inferencia de ideas necesarias

Supongamos, por ejemplo, que el sistema islámico se ve frente a presiones condicionadas del enemigo, y con «presiones condicionadas» lo que quiero decir es que ejercen una presión, como pueden ser los embargos, y luego dicen que los levantan a condición de que se haga tal cosa. No hacen que uno desespere por completo, sino que dicen que los quitarán, pero que la condición es que se haga tal cosa. En fin, es algo muy peligroso, y esto es muy importante. Esas condiciones pueden ser extremadamente capciosas y destructivas. ¿Qué debe hacer uno en tal situación? Ahí es donde uno se da cuenta de que el remedio es el de: «Por tanto,  ¡mantente firme como te ha sido ordenado, y también los que se han vuelto hacia Dios contigo!» (Sagrado Corán, 11:112), dado que la cuestión es de carácter público; ¡no son asuntos personales! Por ejemplo, en el Corán, es al Profeta a quien se requiere que tenga paciencia y persevere. A quien se dice «y sé paciente con tu Señor» (Sagrado Corán, 74:7) es el Profeta; no tiene nada que ver con la gente, pero en ese caso se trata de la gente: «Por tanto,  mantente firme como te ha sido ordenado, y también los que se han vuelto hacia Dios contigo». Todos debéis perseverar; todos debéis resistir. Es decir, que se nos reclama un movimiento colectivo de paciencia y perseverancia. Por tanto, entendemos que es así como se debe actuar en estos asuntos: «Por tanto,  mantente firme como te ha sido ordenado»; eso es lo que hay que poner en práctica, así como: «Y se aconsejan unos a otros la paciencia» (Sagrado Corán, 103:3); aconsejarse mutuamente paciencia, alentarse a mantenerse firmes, resistir, soportar y aguantar. En definitiva, cuando sucede algo semejante, se nos aclara por completo el significado de «por tanto,  mantente firme como te ha sido ordenado, y también los que se han vuelto hacia Dios contigo». Hasta ese momento, no le vemos un significado muy claro ―como que «y también los que se han vuelto hacia Dios contigo» significa que la gente tiene el deber de resistir―, sino que es algo general; pero, cuando se produce una situación semejante, uno entiende lo que quiere decir. Nosotros nos vemos hoy día frente a ese problema. Nuestra gente sufre ciertas dificultades, de las que una parte procede de las presiones del enemigo, y nosotros queremos que la gente resista y se mantenga firme ante esos problemas. Ese es un movimiento grandioso e importante que, gracias a Dios, en nuestro país está teniendo lugar.

Piensen también que, mientras no se sitúe ante uno el frente compuesto del enemigo ―frente demoníaco, compuesto por diversos demonios― y uno no se vea asediado por todos los flancos, no entiende el significado de la aleya que dice: «Y cuando los creyentes vieron a los partidos dijeron: “Esto es lo que nos prometieron Dios y Su Mensajero, y Dios y Su Mensajero dijeron la verdad”. Y no hizo sino incrementarse su fe y su sometimiento a Dios» (33:22). Cuando nos encontremos frente a tal fenómeno, que es un fenómeno duro, no nos pongamos nerviosos; es decir, ni te pongas nervioso tú, ni se ponga nerviosa la gente; no se pongan nerviosos. «Esto es lo que nos prometieron Dios y Su Mensajero». Esto es lo que se había dicho ya: que, si avanzan ustedes por el camino de la verdad y la justicia, tienen que esperar lo de que «así es como dispusimos para cada profeta enemigos, demonios de entre los hombres y los genios, que se susurran unos a otros palabras encantadoras y engañosas» (Sagrado Corán, 6:112). Esas cosas no deben chocar con sus expectativas. Ya se había dicho; lo sabíamos. Digamos que en ese momento y en esas circunstancias, esa aleya toma cuerpo de modo correcto, cobra vida y nos muestra en realidad el camino a seguir en la vida. Lo mismo pasa en otros casos.

Por ejemplo, una de las cosas que como responsable político más me preocupan es la alocución al profeta Jonás (con él la paz), que había hecho algo movido por la desesperación y el agotamiento, porque su pueblo no le respondía. Entonces, Dios el Altísimo dijo a aquel profeta, que había pasado toda una vida esforzándose entre aquella multitud, y para el cual el la palabra cansancio no significaba nada: «Y cuando Du l-Nun se fue indignado, pensando que no lo pondríamos en dificultades» (Sagrado Corán, 21:87). «Se imaginó que no seríamos estrictos con él… Pues no, señor, sí somos estrictos con él». Y lo fue, con aquel tremendo castigo que acaeció al profeta Jonás. Yo mismo, cuando siento una inactividad ―ya sea en mí mismo, en otros o en los responsables―, recuerdo lo de «pensando que no lo pondríamos en dificultades». Nos imaginamos que esa falta de atención, de esfuerzo o de actividad no suscitará una reacción severa por parte de Dios Altísimo y Todopoderoso. Pues sí, sí la suscitará. Así que esa idea se nos hace operativa y tangible, y se nos muestra.

Necesidad de que los pensadores desarrollen el legado intelectual del sistema islámico absteniéndose de eclecticismos y anquilosamientos

En resumen, a medida que el sistema islámico se expanda y avance, se enfrentará a nuevas situaciones nacionales e internacionales. Se enfrentará a nuevos desafíos y nuevas circunstancias, y eso le exigirá ampliar el legado intelectual que nutre el sistema. Ese legado intelectual que lleva adelante el sistema, alimentándolo y evitando que caiga en desviaciones, debe fortalecerse. Se tienen que plantear nuevos conceptos. Como he dicho, esos conceptos nuevos no vienen de fuera, sino que se plantean a partir de los propios conceptos islámicos, del texto del Corán y de la tradición. Claro está que esa labor ―encontrar nuevos conceptos y discutir sobre ellos― no es para cualquiera. Deben ocupase de ella eruditos y pensadores perfectamente conocedores de los fundamentos del Islam, que hayan leído con atención y recitado el Corán, que hayan reflexionado y que se encuentren alejados de la inmovilidad y el anquilosamiento intelectuales, dado que, por un lado, existe el peligro de que una persona incompetente, con una cultura a medio hacer y ecléctica entre en nuevas inferencias de los versículos divinos; por el otro, existe el peligro de que lo quiera hacer una persona anquilosada, que aún no ha asumido la participación de la religión en la vida social, la política y el gobierno. No, hacen falta personas que piensen, personalidades destacadas. Esta era la primera cuestión que quería trasladarles. Este tema tiene gran potencial para el análisis, el estudio, la discusión en torno a él y la obtención de resultados.

Necesidad de que los países europeos cumplan sus compromisos con JCPOA y se abstengan de emplear retórica arrogante

Esos cuatro países ―es decir, los tres europeos más Estados Unidos― han empleado, en las declaraciones que están haciendo y en los comunicados que han emitido estos días, una retórica arrogante manifestada desde una posición de superioridad, de acreedor; una retórica injusta. Es una retórica desacertada y errónea. Constantemente hablan de los compromisos de Irán en relación con el Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC, o JCPOA por sus siglas en inglés), preguntando que por qué hemos cancelado algunos de ellos, sin dignarse mencionar que ellos mismos, desde el primer día, no cumplieron los compromisos en absoluto. Es decir, que son ellos quienes deberían ser reprendidos y amonestados. Durante mucho tiempo, la República Islámica cumplió todos sus compromisos conforme al Islam, que enseña que los compromisos deben cumplirse. Después, al ver que ellos actuaban así ―con uno que salió y los otros que se amoldaron a él―, pues: «Denuncia con equidad el pacto que tienes con ellos». Eso es lo que dice el Corán: «Bien, pues déjalo tú también». En fin, por otra parte, nuestro honorable Gobierno no lo dejó, sino que fue dejando de cumplir los compromisos en cierta medida, lo que es reversible ―si ellos cumplen su deber, todo eso se puede revertir―. Sin embargo, eso ellos no lo mencionan en absoluto; lo ignoran, sin dejar de hablar constantemente de lo que atañe a Irán, y haciéndolo además con una retórica emitida desde una posición de arrogancia. Pues que sepan esos tres países europeos ―la cuestión de Estados Unidos va aparte― que hablar con esa arrogancia y esa soberbia es algo que suscita un gran odio en el pueblo iraní y en la Revolución, y los hace a ellos aun más odiados por nuestra opinión pública de lo que ya eran.

Prohibición de las armas nucleares por las enseñanzas islámicas y enriquecimiento conforme a las necesidades del país

Ahora, está ese payaso internacional sionista, que sigue diciendo sin parar que ellos no lo permitirán. ¿Pero quiénes son ellos para no permitir que Irán adquiera armamento nuclear? Si nosotros decidiéramos adquirir armamento nuclear, ni ellos ni otros mayores que ellos podrían impedirlo. Nosotros no hemos tomado tal decisión, y eso se debe a nuestra ideología islámica. Nuestras ideas islámicas dicen que un arma que destruye a gente desarmada, a civiles y a gente común está prohibida. Tal arma está prohibida, ya sea nuclear, química o de otro tipo: esa arma está prohibida. Es por el Islam que nosotros no hemos querido ir en pos de esa arma. Si, por el contrario, hubiésemos querido ir, ¿quiénes son ellos como para poder evitarlo? Ellos mismos no respetan (esos límites). Estados Unidos masacró en un día a doscientas veinte mil personas de la población ordinaria. Hace ahora cinco años que, en Yemen, aviones equipados por ellos, los occidentales, van y bombardean regularmente a la gente, las calles, los mercados, las mezquitas, los hospitales y las escuelas de Yemen. Matan a la gente corriente. La someten a intensos asedios. Eso es lo que hacen. La República Islámica no acepta ese modo de obrar ni esos métodos. Por lo tanto, ni pensamos siquiera en armas nucleares. Ahora, en otras cosas sí. Nuestro enriquecimiento no está limitado al veinte por ciento. Si es necesario para propulsores nucleares u otras cosas, por ejemplo, podemos aumentar el enriquecimiento al sesenta por cien. Se trata de cosas que hacemos en toda la medida en que lo necesitemos. En la actualidad, existe un contrato para varios años. Si ellos lo  cumplen, nosotros lo cumpliremos durante esos mismos años, pero ¿de manera total? ¡No, señor!

Oposición de los enemigos de Irán a los factores de poder de la República Islámica para extorsionarla

Ellos dicen estar en contra de las armas atómicas. ¡Mienten! No es eso lo que les importa. Quizá muchos de ellos o incluso todos sepan que nosotros no buscamos hacernos con armas nucleares. Ellos se oponen incluso a que tengamos armas convencionales; se oponen a nuestros medios defensivos. Quieren quitarle a Irán sus factores de poder. Aparte de eso, en lo fundamental, la necesidad del país del enriquecimiento es indudable. En unos años, las centrales nucleares serán con certeza una de las fuentes de energía más importantes de los países. El día en que se acabe el petróleo o aparezcan otras orientaciones para él, en los países se convertirán en algo común las centrales nucleares, que producen energía de manera más saludable, más limpia y más barata. Ese día, necesitaremos el enriquecimiento, pero no podemos empezar ese día. Hay que empezar desde hoy, para estar preparados y tener la posibilidad, y ellos eso no lo quieren. Los arrogantes occidentales eso no lo quieren. Ellos quieren que, ese día, Irán, al verse necesitado de energía nuclear, los necesite a ellos; que tenga necesidad de ellos, de modo que ellos puedan imponer sus condiciones; para poder coaccionar y extorsionar. Detrás de eso andan.

Confiar en la fuerza y ​​la capacidad de la nación iraní para resistir la coerción

Ahora se llevan el petróleo por barriles y a bajo precio ―realmente, el dinero que se paga por el petróleo supone un precio muy bajo―. Pues aun así hacen como si se les debiera algo. Si fueran ellos quienes tuviesen el petróleo, y fueran Inglaterra, Francia y Alemania quienes produjesen petróleo, y nosotros, Irán, quisiéramos comprarlo, no nos lo darían fácilmente ni botella a botella. Lo venderían, por usar una frase coloquial, al precio de la sangre de sus padres, y apenas nos despacharían un poco. Ellos lo que quieren es hacer que la energía nuclear sea así. Pues no: necesitamos enriquecer y lo haremos. Además, no es algo que pueda usarse como herramienta de coerción o algo así. Lo que está meridianamente claro para nosotros es que, en este caso como en otros, algunas personas que se ven y se consideran a sí mismas poderosas quieren coaccionar a la República Islámica y extorsionarla; obligar a la República Islámica a ceder, pero la República Islámica no cederá. Dios mediante, con la ayuda de Dios, sacaremos adelante lo que conviene al país, lo que necesita el país ―tanto lo que necesita hoy como lo que necesitará en el futuro―, en la medida en que lo permitan nuestras capacidades. Y, a Dios gracias, nuestras capacidades no son pocas. El poder y la capacidad de la nación iraní son grandes, y, si Dios quiere, seguiremos adelante tanto como podamos.