Ruego que presten atención a esto: desde el punto de vista del Frente de la Arrogancia, el problema es el siguiente. El problema de la Arrogancia con la República Islámica estriba en que, si este sistema ―la República Islámica― progresa, prospera y brilla ante el mundo, el discurso liberaldemócrata del mundo occidental quedará invalidado. Esta idea la expuse una vez precisamente en Isfahán. Hice una referencia a este tema en la gran plaza de Isfahán, ante una multitud inmensa (4). Con el discurso de la democracia liberal, los occidentales lograron durante unos tres siglos saquear al mundo entero. En algunos lugares dijeron que allá no había libertad e invadieron; en otros, dijeron que no había democracia e invadieron. Con el pretexto de crear democracia y otros similares, saquearon y se llevaron las riquezas del país que fuera, sus tesoros, sus recursos. La menesterosa Europa se enriqueció a costa de dejar empantanados a muchos países ricos, como la India. ¡Cuánto hundieron a la India! Si leen ustedes ese libro de Nehru ―Glimpses of world history― se percatarán bien de lo que ocurrió. Igual con muchos otros países; con China, con otros. Ciertamente, en Irán colonización directa de aquella misma manera no la hubo, pero también aquí hicieron cuanto pudieron con el discurso de la democracia liberal. Esto es, dijeron «libertad y democracia», «libertad y pueblo», y con esas etiquetas se apoderaron de los países. Tanto en contra de la libertad como en contra del carácter popular de los países, hicieron cuanto pudieron.

Durante trescientos años, primero los europeos y después los norteamericanos actuaron con el discurso de la democracia liberal. Ahora, si aparece en el mundo un gobierno, un sistema que rechace esa democracia liberal y, con un discurso real, dé identidad a la población de su país, le insufle vida, lo despierte y lo fortalezca y se alce frente a la democracia liberal, eso invalidará el discurso liberaldemócrata. Y eso es la República Islámica. La democracia liberal se fundó sobre la negación de la religión. Afirmaron ser de carácter popular, mientras que quien sí es un sistema auténticamente popular es la República Islámica.

Por lo tanto, el problema de Occidente y la Arrogancia con la República Islámica estriba en que la República Islámica está progresando, está cobrando pujanza y ese progreso el mundo entero lo ve y lo reconoce, cosa que para Occidente resulta insoportable. No están dispuestos a tolerarlo. El problema está ahí. El problema está en que Irán está progresando. Si nosotros no progresáramos, si no mostráramos nuestra presencia con poderío en la región, si nos temblara la voz frente a Estados Unidos y la Arrogancia, si estuviéramos dispuestos a aceptar sus intimidaciones y bravuconadas, estas presiones se reducirían. Eso sí, vendrían aquí y nos dominarían, pero el bloqueo, estas presiones y estos desafíos de esta manera se reducirían. Cada vez que el poderío de la República Islámica se ha oído con mayor fuerza ―puesto que en estos años la situación ha variado, ustedes ya lo saben―, el esfuerzo del enemigo por dar un zarpazo a la República Islámica ha sido mayor también.

Pues bien, nos hallamos frente a una tesitura de ese cariz. Permítanme decirles que es deber de todos nosotros ―tanto de los responsables del país como del común de la gente, los intelectuales civiles, los jóvenes activos, lo más selecto de la sociedad y las asociaciones académicas, ya sean de las escuelas religiosas o universitarias― saber que debemos progresar. En la actualidad, es nuestro deber progresar. Tenemos que realizar progresos científicos, progresos artísticos, progresos económicos, progresos políticos. Esos progresos consolidan el sistema y le dan autoridad y poderío. Cuando uno gana autoridad y poderío, el enemigo no puede mirarlo de reojo. El objetivo del enemigo es hacer que los pilares de esa autoridad y poderío se tambaleen. Ya lo ven ustedes. No quieren que el sistema goce de autoridad. Debemos todos ir en pos del progreso, porque el progreso nos da autoridad, nos hace autosuficientes, nos fortalece. Si esos progresos ―tanto el progreso científico como el progreso espiritual y moral, el progreso económico y el político― continúan, como gracias a Dios ha sido el caso hasta ahora, el enemigo se pondrá nervioso. Ese eso lo que el enemigo teme mucho, y en definitiva está esforzándose todo lo que puede por no permitirlo.

Entonces, ¿cómo progresar? Pues las herramientas para el progreso son muchas y son herramientas variadas. Yo apenas quiero señalar un ejemplo importante, que es la esperanza. La esperanza es la herramienta más importante de progreso, y el enemigo se ha focalizado sobre ella. Está empleando toda su capacidad para instilar desesperanza, para dar la sensación de atolladero; y en ocasiones observan ustedes como un joven que no está familiarizado con los asuntos del mundo es objeto de esa influencia y cae en la desesperación. Cuando desespera, no trabaja. El progreso requiere esperanza. El enemigo se ha focalizado sobre la esperanza del pueblo de Irán. Esos cuantiosos medios que el enemigo ha puesto en funcionamiento, con esos medios de comunicación, esos satélites, esa atmósfera extraña de internet, esas televisiones a sueldo… todo eso es para matar la esperanza en la gente.

Durante estos tumultos mismo se han llevado a cabo grandes tareas que, si comparamos con otras semanas y otros meses, obtendremos un resultado extraordinario. Permitan que enumere las que han tenido lugar durante estas mismas semanas: obtención por científicos iraníes de un nuevo tratamiento para la leucemia. ¡Eso es progreso! Y un progreso importante además. No es algo insignificante. Más: obtención local de un aparato clave para los yacimientos de gas y petróleo. Gas y petróleo son una de las riquezas naturales importantes que tenemos. Para su extracción necesitamos innovación, y esa innovación se está realizando. Hace apenas unas semanas se dio un paso significativo en ese sentido. Bien, se trata de una labor digna de tenerse en cuenta. El ferrocarril de una parte importante de Baluchistán. Desde hace mucho tiempo, en los comienzos de la Revolución ―antes de la Revolución no se planteaba―, fue uno de nuestros grandes sueños poder realizar un corredor de norte a sur. La línea de Baluchistán forma parte de ese corredor norte-sur. Así conectamos el norte del país al golfo Pérsico y al mar de Omán, pasando por Baluchistán. En estos mismos días se ha inaugurado una parte importante de esa vía férrea. Se ha realizado por tanto una tarea de gran envergadura. Eso es progreso. Un buen número de fábricas se han puesto en marcha. Ha comenzado a funcionar una refinería extraterritorial en otro país. Han empezado a explotarse en estas semanas seis centrales eléctricas, de las que se me ha informado especificando las ciudades, aunque yo no las quiero mencionar una a una ahora. Se ha inaugurado en estos mismos días uno de los mayores telescopios del mundo. Uno de los mayores telescopios del mundo se ha terminado en estos mismos días, ha empezado a utilizarse y se ha presentado al público. Se ha presentado también una lanzadera de satélites, se ha presentado un nuevo misil y mucho más. Todo esto corresponde a estas mismas semanas entre las cuales ha habido tumultos. Si uno se pone a contar los casos uno por uno, son muchos. No lo toleran. No quieren que la joven generación sepa estas cosas. Las menosprecian, las ridiculizan, las niegan. Nosotros habíamos progresado mucho en cuanto a medios defensivos y lo negaban. Se mostraban las imágenes y decían que era Photoshop, que no era real. Luego tuvieron que reconocerlo. No tuvieron más remedio que hacerlo.

Ahora bien, déjenme decirles que el enemigo saca cada día un ardid, una estratagema. Cuando fracasa en un punto, no está claro que abandone, irá por otros. Irá por gente de distintas clases, irá por los trabajadores o por las mujeres. Por supuesto, la dignidad de nuestras honorables damas y nuestros honorables trabajadores es demasiado elevada como para que se entreguen al enemigo dejándose engañar por él. Eso es indudable.

Notas

(4) Discurso del 30 de octubre de 2001 ante gente de distintas extracciones sociales de Isfahán.