Las partes importantes de las declaraciones del Líder de la Revolución Islámica:

Uno de los asuntos sobre los que quisiera decir hoy unas palabras es la capacidad de la gente para desempeñar un papel en los grandes acontecimientos. Eso no debemos olvidarlo. Lo hemos experimentado en nuestra propia vida. No debemos olvidarlo; hemos de transmitir esa experiencia a los demás. Piensen ustedes en Gaza hoy, en el papel que tienen la presencia y la resistencia de la gente en este gran acontecimiento: un pequeño grupo, una cantidad reducida de gente —digamos una población de dos millones de personas— en un territorio exiguo ¡ha reducido a la impotencia a Estados Unidos, con toda su grandeza, y al régimen sionista, que pende de Estados Unidos. Esa es la fuerza de la participación popular (...).

Sacar a la gente de la palestra, arrastrar a la gente fuera del campo de batalla, de la contienda, del combate. ¿Qué política es esa? La política de los enemigos de la Revolución. Esa es la política de Estados Unidos, de los poderosos del mundo, de los sionistas y de las empresas explotadoras sionistas en el mundo entero. Esa política se viene aplicando en el país desde hace cuarenta años. Hoy, esa política funciona con la máxima perversidad; presten atención a esto. Se esfuerzan por sacar a la gente de la liza. Eso que ustedes ven de que, al abordarse si se participa o no en las elecciones, [algunos digan]: “No, total ¿para qué?” no es algo baladí. Se trata de la misma política estratégica de Estados Unidos; es la misma política estratégica de los enemigos de la Revolución. La ausencia de la gente del escenario político, la ausencia de la gente en la batalla cultural, la ausencia de la gente de las lides económicas y la ausencia de la gente de los escenarios religiosos son política estratégica del enemigo: que se haga mofa de la marcha de Arbaín; que se ponga en duda la razón de la gran fiesta del Príncipe de los Creyentes o el Quince de Shaabán en las calles de Teherán, con esa majestuosidad; que se ponga en entredicho el respeto al gran general de Irán y de la región, el mártir Soleimaní. ¿O acaso no despedazaron la imagen del mártir Soleimaní en la misma Teherán, junto a tal universidad? Instigan a uno a que vaya y rompa la fotografía. A los cortejos fúnebres del mártir Soleimaní acuden ocho millones de personas, y luego un joven inconsciente, un joven sin valor —que o bien cobró por ello o bien le manipularon el cerebro—, va frente a los millones de personas del pueblo iraní y destroza la imagen del mártir Soleimaní. ¿Qué es lo que quiere decir eso? Eso pone de relieve la política estratégica del enemigo.

El enemigo es muy activo y trabaja mucho en ese sentido; muchísimo trabaja. Han entendido que la causa del progreso de Irán, la causa del prestigio logrado por Irán, la causa del surgimiento de Irán como potencia destacada en esta región, la causa de que el país consiga tanta profundidad estratégica —esas fuerzas de la Resistencia por toda la región son la profundidad estratégica de la República Islámica—… la causa de todo eso es la presencia en la palestra del pueblo iraní. Si lanzan una guerra impuesta, fracasa; si lanzan un ataque en forma de golpe de Estado, fracasa; si lanzan un ataque contra la seguridad, fracasa. La razón es que la gente está presente en la liza. Allá donde han logrado impedir que la gente salga a la palestra, el enemigo ha triunfado. En muchos sectores económicos, es así (...).

Para sacar a la gente de la palestra, una de las cosas que hacen es crear desesperanza respecto del futuro. Vean ustedes cómo en esos medios dependientes del enemigo —de manera evidente o no evidente, porque algunos de esos medios dependen del enemigo de forma abierta y otros no le pertenecen abiertamente, pero reservadamente sí le pertenecen— hacen que la gente desespere del futuro. Hallan un aspecto negativo, lo generalizan, lo agrandan para que la gente desespere; principalmente, los jóvenes. Quieren desesperanzar a los jóvenes. Promueven eso de “¿de qué sirve estar en la actividad política?” o “¿de qué sirve acudir a las urnas?”. Trabajan en ello.

(Otra cosa que hacen es) echar en cara las carencias y penalidades en materia económica. Sí, claro, tenemos problemas económicos, ¿qué duda cabe? Ha habido deficiencias diversas que han tenido continuidad. Esas deficiencias económicas existen, de eso no cabe duda alguna. Echan esas cosas a la cara, cuando, si se fija uno en algún caso, si se investiga, la mayor parte de esas carencias económicas se deben a la falta de presencia de la gente. Allá donde la gente ha estado presente, esas carencias son menores.

Otra de las maneras de sacar a la gente de la palestra es darle miedo de las potencias: dar miedo de Estados Unidos, dar miedo del régimen sionista, dar miedo de uno u otro… y eso, cuando el pueblo de Irán tiene él mismo la experiencia de no asustarse ante las potencias. Si se hubiera tratado de temer a tal o cual potencia, ahora la República Islámica ni siquiera existiría. No habría República Islámica. Hoy en día, muchas potencias que pretendían tener el dominio sobre esta región temen al pueblo iraní.

Uno de los factores que se emplean para sacar a la gente de la palestra es hacer que no crea y hacerla indiferente a los factores de presencia, valentía y poder, a la cabeza de los cuales se hallan la fe y la observancia religiosas. Están haciendo esfuerzos; hacen propaganda; trabajan. El enemigo trabaja. Nuestros responsables deben esforzarse cuanto puedan en ese terreno; han de trabajar todo lo que puedan. Con ese prisma es como deben mirar la cuestión del hiyab y esos sucesos del hiyab. La cuestión no se reduce a que algunos no conozcan el asunto del hiyab o no le presten atención. No, hay algunos que tienen motivación —aunque sea un número reducido— para oponerse y enfrentarse.

Otra cuestión es la creación de discrepancia, la polarización de la gente. Miren ustedes, hay dos tipos de discrepancias: una consiste en que entre dos personas haya diferencia de gustos en tal cuestión política o en tal preferencia: son amigos, son compañeros, toman té juntos, se sientan al mismo mantel y, por otra parte, disienten en opinión. La otra consiste en que la discrepancia es tal que cualquier cosa que provenga de uno —sea lo que sea: ideas, acciones, buenas, malas…— es condenada por el otro, y todo lo que provenga de este lo condena el primero. Eso se llama polarización. Pues ellos crean polarización en la sociedad. Cualquier cosa que haga el de un lado, el del otro la condena, aunque sea buena. Estas son algunas de las cosas en que están ocupados hoy los oponentes de la nación iraní, los enemigos de la nación iraní.

El modo de plantar cara a eso es la presencia de la gente: la gente debe implicarse en los asuntos económicos, debe implicarse en los asuntos políticos, debe implicarse con empuje en las elecciones; debe incluso implicarse en las cuestiones de seguridad. Los agentes de seguridad del enemigo están presentes entre la gente, en los barrios, acá y allá. La gente puede identificarlos. En muchos de los problemas de seguridad, la gente acudió en auxilio de los servicios de seguridad y resolvió el problema. Las noticias las tenemos nosotros; esas noticias nos las dan. Muchas de las cosas que querían hacer, como el desastre que provocaron en Kermán (1), la gente se percató, estuvieron atentos, se dieron cuenta los servicios y se ocuparon de ello. Acaso pueda decirse que son decenas de veces más los casos en que el enemigo pretende hacer algo y se neutraliza; mucho de ello, con ayuda de la gente.

Esta cuestión que he planteado, la de la presencia de la gente en la palestra —que forma parte de las necesidades incontestables de la buena administración del país, del progreso de la Revolución y de que esta fructifique y alcance sus objetivos—, debe promoverse. Quienquiera que tenga voz, quienquiera que hable con elocuencia, quien tenga un público, quien sea capaz de generar un impacto debe trabajar en ese terreno: “Y se aconsejan unos a otros lo justo” (Sagrado Corán, 103:3). Esto es justo. Aconsejar lo justo es deber de todos. Ya sea uno clérigo, ya sea profesor universitario, tenga un púlpito, sea de la radiotelevisión, sea responsable político, dirija tal departamento, sea ulema, sea autoridad religiosa… sea quien sea, es su deber. Debe moverse a la gente a acudir a la liza, a que permanezca firme en ella y a que se familiarice con los requisitos de la liza. Ciertamente, los responsables gubernamentales deben saber que la gente está preparada; su responsabilidad es grande. Tanto los responsables gubernamentales como quienes operan en los ámbitos de la política y la cultura deben preparar el terreno. Quiera Dios que esa preparación siga aumentando y aumente cada día más.

Bien, he dicho que la gente está preparada. ¿Qué lo prueba? Lo prueba esa inmensa concentración de gente en el cuarto aniversario del martirio de Soleimaní. Ese es uno de los indicios: la presencia de la gente en los Veintidós de Bahmán, la presencia de la gente en el último viernes de los meses de Ramadán, la presencia de la gente en los Nueve de Dey, la presencia de la gente en los distintos Días de Dios… y ahora, la presencia de la gente en el aniversario del martirio del general Soleimaní. La gente viaja desde muy lejos para peregrinar a su tumba, sucede ese trágico y catastrófico incidente y, al día siguiente, continúa de nuevo la concentración de gente con la misma intensidad, la misma fuerza y la misma motivación. Por tanto, la gente está preparada. Somos nosotros quienes debemos organizarlo, debemos ayudar, debemos abrir el camino, debemos preparar el terreno.

En ese triste, catastrófico suceso ocurrido en Kermán, que desoló verdaderamente a la nación, nosotros no pretendemos insistir en acusar a este o aquel, pero sí insistimos en que se halle a los autores reales y ocultos de lo acaecido y los aplastemos. Quiera Dios que los respetables encargados —que están trabajando diligentemente y un servidor sabe de primera mano que han trabajado bien y siguen trabajando bien— hagan que las personas involucradas en este suceso y quienes están detrás de él reciban su merecido castigo.

En cuanto a la cuestión de Gaza, permítanme decir unas palabras: progresivamente, las predicciones se están revelando por completo. Desde el principio, la predicción de la gente clarividente del mundo, tanto aquí como en otros lugares, fue que, en este asunto, el vencedor sería la Resistencia palestina; y el derrotado, el pérfido y maldito régimen sionista. Eso está sucediendo y lo ven todos. Tres meses hace que el régimen sionista está cometiendo crímenes. Lo primero es que esos crímenes quedarán en la historia. Esos crímenes no serán olvidados ni siquiera después de que el régimen sionista haya desaparecido, se haya destruido y, con la ayuda de Dios, haya sido borrado de la faz de la Tierra. Ni siquiera en ese día se olvidarán. Y ese día escribirán en los libros que hubo un día en esta región en que llegó al poder un grupo de gente y cometió tales crímenes; en unas pocas semanas, ¡mataron a miles de niños y mujeres! Eso es lo que escribirán, lo que dirán, y eso no se olvidará. Todos comprenderán que el aguante de aquel pueblo y la firmeza de la Resistencia palestina forzó a aquel régimen a retroceder. En definitiva, el régimen sionista no ha alcanzado ninguno de sus objetivos después de cerca de cien días del crimen que están cometiendo. ¿Qué es la derrota? La derrota es eso mismo. Dijeron que eliminarían a Hamás y no lo consiguieron. Dijeron que transferirían a la gente de Gaza y no lo consiguieron. Dijeron que detendrían las acciones de la Resistencia y no lo consiguieron. La Resistencia: viva, fresca y dispuesta; y el régimen ese, cansado, abochornado y arrepentido, con la marca de “criminal” para desecho a fuego en la frente. Esa es la situación que existe hoy.

Esto es una lección. Debe seguirse esta misma línea: la línea de la firmeza frente a la injusticia, frente a la coerción, frente a la arrogancia, frente a la usurpación. Esa línea debe continuar. La Resistencia debería seguir actualizándose con pujanza, estar preparada, no verse desprevenida ante las tretas del enemigo y, con la ayuda de Dios, allá donde esté a su alcance, asestar el golpe. Si Dios quiere, eso sucederá y ese día llegará, Dios mediante, y el pueblo de Irán, los pueblos musulmanes y los grupos creyentes del mundo entero verán la victoria de la resistencia, la fuerza, la paciencia y la confianza en Dios sobre los enemigos, las hostilidades y los demonios del mundo.

Notas

(1) El 3 de enero de este año en curso de 2024, coincidiendo con el aniversario del martirio de Hach Qasem Soleimaní, los terroristas hicieron explotar dos bombas entre los peregrinos que visitaban su tumba, lo que resultó en el martirio de cierto número de ellos y otros muchos heridos.