En nombre de Dios, Clemente y Misericordioso.

Sea toda alabanza para Dios, Señor de los Mundos, y las bendiciones y la paz para nuestro maestro y profeta Abulqásim al-Mustafa Muhammad, así como para su familia excelsa, pura y selecta, y en especial para el Imam del Tiempo.

Sean ustedes muy bienvenidos, queridos jóvenes, queridos hermanos, queridas hermanas y, en particular, las honorables familias de mártires que están presentes en la sala; les doy la bienvenida a todos ustedes. Este encuentro es en realidad un encuentro de juventud, un lugar para la presencia de los corazones puros y cristalinos de los jóvenes.

Mi primer mensaje, lo primero que quisiera decir, es que ustedes los jóvenes han de aprovechar la oportunidad de purificar su espíritu de juventud y, en este bendito mes de shaabán y después de él, en el mes del Ramadán, acercarse más a Dios Altísimo, intimar con Dios, rogar a Dios y encomendarse a Él. Quedan pocos días del mes de shaabán; la mayor parte del mes ha pasado ya. Un mes de plegarias, de confesiones a Dios, de petición de perdón… tal es el mes de shaabán. En estos pocos días restantes, lo que yo les aconsejo seriamente, queridos jóvenes —tanto a los muchachos como a las muchachas— es que no olviden la plegaria, la búsqueda del perdón de Dios y las bendiciones al Profeta y su familia (P). La plegaria acrecienta su cercanía al Creador del ser; refuerza su relación con Dios Altísimo. La plegaria y la confesión íntima con Dios son así. Cuando hacemos istigfar y pedimos el perdón divino, lo que quiere decir realmente ese istigfar es que elegimos el camino del abandono del error.

Todos cometemos errores, tenemos desaciertos, cometemos pecados. El istigfar supone elegir el camino del abandono de esos errores y pecados, y en el mes de shaabán se hace hincapié en el istigfar, en la búsqueda del perdón divino. Decimos astágfiru-l-Lah wa atubu ilayhi. Este atubu ilayhi significa “vuelvo hacia Dios”: me había alejado de Dios con el error y el pecado; ahora vuelvo hacia Dios Altísimo y Dios aceptará este retorno. Al enviar saludos y bendiciones a Muhammad y a la familia de Muhammad, en realidad estamos dando vida en nuestra mente a los mejores modelos de ser humano. Esas grandes figuras son los mejores seres humanos, las mejores criaturas creadas por Dios. Su vida, sus enseñanzas, sus palabras y sus actos son modelos para nosotros. Son el paradigma. Cuando los bendecimos, en realidad estamos haciendo revivir su recuerdo en nuestros corazones. Así que estas cosas tienen valor.

Esas plegarias que nos han llegado y a las que llamamos maazur, “transmitidas” —las plegarias maazur son plegarias que vienen de los Imames (con ellos la paz) y han llegado hasta nosotros, como el Sahifa sayadiya y la mayoría de las oraciones que hay en el Mafatih—, no son una mera petición, un mero ruego y comunicación con Dios. Son más que eso aún. Esas plegarias contienen enseñanzas; son ideas excelsas y conocimientos sublimes islámicos lo que hay en ellas. En esas plegarias hay enseñanzas que ustedes no encontrarán en ningún otro sitio. En la plegaria del imam Husayn en el Día de Árafa, en las plegarias del Sahifa sayadiya o en las letanías de Shaabaniya, hay ideas y conocimientos que uno no encuentra en ningún otro lugar. Familiarizarse con las plegarias eleva la sabiduría del musulmán, del devoto; es algo muy provechoso. Por tanto, lo primero que había que decir es que valoren ustedes esta ocasión de iluminación de sus corazones —ya que sus corazones son luminosos, son bondadosos—. Aprovechen la ocasión del mes de shaabán y el de ramadán, que llegará después, y todas las demás ocasiones de rogar a Dios, de buscar el perdón divino, de encomendarse al Creador y sus santos. Eso es lo primero que tenía por decirles.

El siguiente asunto del que un servidor quiere hablarles a los presentes y a toda la nación iraní se refiere a la cuestión de las elecciones, por más que sobre las elecciones he hablado yo, han hablado otros y, a Dios gracias, veo que hablan y discuten los jóvenes en distintos lugares, en las universidades, en la calle… Aun así, déjenme decirles hoy unas palabras al respecto.

Pues bien, gracias a Dios los signos del entusiasmo por las elecciones son visibles en lugares variopintos por todo el país; son palpables el deseo de votar y el apasionamiento por las elecciones. Debemos dar gracias a Dios. Lo deseable es que las elecciones —no solo estos comicios de dentro de dos días (1), sino todas las elecciones del país— se celebren con fuerza y apasionamiento. ¿Por qué? Bien, ustedes los jóvenes son dados a argumentar; para mí resulta verdaderamente satisfactorio ver que, después de la Revolución, nuestra juventud ha avanzado muchísimo en cuanto al deseo de argumentar, de investigar y de ser precisos. Yo, antes de la Revolución, estaba en contacto con los jóvenes; todas nuestras reuniones eran reuniones de jóvenes. Conocía a los jóvenes a la perfección. Desde la Revolución, entre los jóvenes ha aumentado muchísimo el ánimo de interrogar, de indagar, de inquirir, de averiguar, de verificar, lo que es muy positivo. Los jóvenes, junto a esa vitalidad, excitación y entusiasmo de la juventud, son también dados al razonamiento y a la lógica. Nuestros propios mártires, que en su mayoría eran jóvenes como ustedes —nuestros mártires del período de la Sagrada Defensa, como también de la Defensa del Santuario, estaban en torno a la edad de veintitantos años o, como mucho, treinta o así—, fueron a los campos de batalla con entusiasmo y con el corazón lleno de emoción, pero sus mentes funcionaban, pensaban, eran racionales y argumentaban. Si leen ustedes sus biografías, lo advertirán. Actuaban racionalmente. Hoy, nuestros jóvenes son así. Permítanme decirles varias cosas sobre esto.

Si se trata de decir algo sobre la importancia de la animación y la fuerza en las elecciones, tenemos que decir en primer lugar que la fuerza y la animación son básicas en la correcta administración del país —ahora daré de pasada una somera explicación sobre esto—; son una de las bases fundamentales del progreso del país; son uno de los más importantes medios de eliminar los obstáculos al progreso. Unas elecciones fuertes tienen esas características.

Como ustedes los jóvenes no vieron aquella época, déjenme antes señalarles algo: esto de las urnas y las elecciones no es algo que llegara a nuestro país con facilidad; antes no había de estas cosas. Durante un tiempo, el despotismo fue absoluto, y luego hubo unas elecciones de fachada; las elecciones no eran más que una apariencia, sin nada detrás. Las listas las elaboraban en la corte o incluso, en parte, en embajadas extranjeras; daban esas listas ¡y decían que tenían que salir esos como representantes! Esto son cosas que dicen ellos mismos, no nosotros. Por supuesto, nosotros en aquel entonces lo sabíamos. Nosotros, en el período de antes de la Revolución, estábamos al corriente de cómo funcionaba todo aquel proceso de votaciones, etc., pero después de la Revolución lo reconocieron ellos mismos; lo escribieron en sus libros. Esto de que la gente acuda a las urnas a votar con motivación, con conocimiento de causa, con fe, con expectativas y con esperanza no es algo que se haya conseguido fácilmente; se ha luchado mucho por ello en este país. Por supuesto, esa lucha comenzó en la época del constitucionalismo, pero el movimiento fundamental de lucha y combate tuvo lugar con el alzamiento de nuestro ilustre imam (Jomeiní), con el movimiento islámico, cuando la gente apoyó al imam y emprendieron este camino.

Entre el año 1963, cuando empezó la lucha, hasta el 11 de febrero de 1979, cuando la Revolución alcanzó la victoria y esa lucha triunfó, durante esos dieciséis años se hicieron grandes esfuerzos en este país; se hicieron muchas cosas: se fue a la cárcel, se sufrieron torturas, se practicó el Yihad explicativo, se hizo la lucha mediante la expresión, hasta que el terreno estuvo preparado y, a partir del año 1977, comenzó la movilización general entre la gente; el ilustre imam dirigió paso a paso aquel levantamiento, aquel movimiento, lo guio, instruyó, enseñó en qué dirección debía avanzarse, lo que se tenía que hacer, qué reclamar… un líder y un guía en el verdadero sentido de la palabra.

La labor del líder de la Revolución —el imam Jomeiní o quienquiera que pretenda asumir esa tarea— es una labor de corazón, una labor de pensamiento y de cerebro. Se ejerce influencia sobre los corazones de la gente, sobre el pensamiento de la gente, y el imam ejerció esa influencia, la gente acudió y la Revolución triunfó. Si ustedes han leído o leen la historia de las revoluciones —por desgracia, los jóvenes leen pocos libros; deben ustedes leer más—, si observan ustedes la historia de esas revoluciones de la región o del mundo, etc., verán que, cuando se produce una revolución, durante mucho tiempo rige la dictadura revolucionaria; es decir, nada de la gente, el voto, etcétera. Piensen por ejemplo en Francia, a finales del siglo XVIII, cuando ocurre la Revolución francesa. Bien, la gente hizo la revolución, salió a las calles y luchó, pero después de la revolución quien se hizo con el control de la situación fue un grupo de personas reducido; esos están tres o cuatro años, hasta que llega otro grupo, los aplasta y ocupa su lugar; estos otros están cuatro o cinco años, hasta que un nuevo grupo llega y los aplasta; esa situación se mantiene durante unos diez o doce años, hasta que aparece un Napoleón, llega, lo desbarata todo e instaura la dictadura autocrática napoleónica. De elecciones, ¡ni hablar! O peor aún, la Revolución Soviética. Esas dos revoluciones nos son próximas.

[En Irán] la Revolución tuvo lugar un 11 de febrero y, el 1 de abril —es decir, unos cincuenta días después—, el imam anunció el resultado de la votación general, del plebiscito general organizado para que la gente determinara el tipo de sistema político; y la gente lo determinó. En otras palabras, llevó a la gente a las urnas de inmediato —eso es confianza en la gente; eso es dar importancia a las urnas y las elecciones—. Y cuando había transcurrido un año de aquello, se organizaron las elecciones para la Asamblea de Expertos para la Constitución; se celebraron elecciones. Luego, se sometió a voto la propia ley que había salido de la Asamblea y se hicieron las siguientes elecciones; luego, las elecciones a la Presidencia de la República Islámica; luego, las elecciones a la Asamblea: varias elecciones en un año. Todo eso son bendiciones de la Revolución; estas cosas no las había. La gente acudió a las urnas y votó; unos, a favor; otros, en contra. En algunas de las elecciones, con mucha animación y grandes multitudes; en otras, un poco menos, pero en definitiva la gente fue a las urnas. ¡Sépanlo, queridos míos! Las elecciones, la existencia de las urnas, que ustedes elijan, que ustedes voten, que ustedes intervengan… es una mejora que no se logró como si nada. Se logró con mucho trabajo, luchando, con grandes sacrificios, con una movilización general de la nación.

Ahora, ¿por qué insistimos nosotros en la participación de la gente? Pues bien, había algunos —y quizá los haya todavía— que decían: “¡Señor! Se celebran unas elecciones y, ya con que participe una parte de la gente, llegará al poder un gobierno, un gabinete o un parlamento y hará lo que tenga que hacer”. Nosotros creemos que no, que las elecciones tienen que ser animadas, tienen que ser masivas. ¿Por qué? Porque la presencia de la gente en la acción, al pie de las urnas, es signo de la presencia de la nación en los campos importantes de la administración del país. Eso para el país es una gran riqueza.

Si podemos mostrar al mundo —ahora diré qué es “el mundo”— que el pueblo está presente en los campos importantes y decisivos de la administración, habremos salvado el país; habremos hecho que avance. Ahora, cuando digo “si podemos mostrar al mundo”, ¿a quién hemos de mostrarlo? Bien, mucha de la gente del mundo, de los pueblos del mundo, no tienen interés en nosotros, para ellos no tiene importancia. Pero hay gobiernos y asuntos políticos en el mundo que están totalmente pendientes de las cuestiones de Irán —las cuestiones del Irán islámico, de la República Islámica y de este querido país—, para ver qué pasa. Estados Unidos, las cuestiones políticas que dominan en Europa, la política de los sionistas, la política de los capitalistas y dueños de las grandes compañías del mundo, tienen por distintas razones —que ahora no es momento de explicar; muchas de ellas las conocen, muchas las hemos dicho— la vista puesta en los asuntos del interior de Irán y quieren ver qué pasa aquí. Esos observadores políticos del mundo a los que me refiero, lo que más temen es la presencia popular. Tienen miedo a la fuerza de la gente y la tienen en cuenta. ¿Por qué? Porque han visto esa fuerza de la gente; han visto que, si este pueblo entra en acción, sin duda superará los problemas —al igual que, en la Revolución Islámica, el pueblo entró en acción y logró echar por tierra y destruir el régimen que apoyaban Estados Unidos, Inglaterra, Europa y todos. Este pueblo es así. Han visto que este pueblo, cuando entra en acción, en la acción de la Sagrada Defensa, de la Guerra Impuesta, vence a aquel Saddam al que apoyaban Estados Unidos, la Unión Soviética, la OTAN, los reaccionarios árabes y todos los demás, lo expulsan de su territorio, lo pisotean y lo dejan humillado; ya lo han visto. Los enemigos de la nación iraní han visto el milagro de la presencia en la acción del pueblo de Irán, por lo que tienen en consideración esa presencia popular y ahora quieren ver si la gente se hace presente o no. Cuando ustedes acuden a las urnas, ellos entienden que sí, que el pueblo iraní sigue estando en acción.

Por tanto, la participación de la gente en las elecciones representa poder y fuerza nacionales, y eso es algo que el enemigo tiene en consideración; supone un respaldo para nuestra seguridad nacional: el poder nacional respalda la seguridad nacional. Si el enemigo siente que ustedes carecen de capacidad, que la nación iraní no tiene poder y fuerza, amenazará su seguridad de todas las formas posibles —de todas las formas—. Esa fuerza y poder nacionales son respaldo y garantía de la seguridad nacional, y la seguridad nacional lo es todo. Si no hay seguridad, no hay nada. El enemigo se opone a nuestra fuerza y poder nacionales. De ahí que hayan visto ustedes como este año (persa), el año 1402 (2), al haber elecciones en el mes de esfand (febrero-marzo de 2024), desde el mes de farvardín (marzo-abril de 2023) empezó ya la propaganda antagónica de los enemigos en sus emisoras de radio, sus televisiones y sus estaciones de internet contra las elecciones, a fin de desanimar a la gente, diciendo que, “total, ¿para qué?”, “¿qué influencia tiene?”, “las elecciones no influyen”, etcétera. No quieren, no soportan la fuerza y la potencia nacionales del pueblo iraní. Por eso se oponen a todo lo que sea signo de fuerza y poder nacionales, lo que incluye las elecciones.

Por otro lado, también hay algunos que se muestran indiferentes a las elecciones dentro del país. Naturalmente, yo no acuso a nadie, pero les recuerdo a todos que debemos ver las elecciones a través del prisma del interés nacional, no el de facción o de grupo. Tengan en consideración el interés nacional. Si en las elecciones no hay brío, lo que ocurrirá es que todos se verán perjudicados, no que la falta de brío de las elecciones perjudique a unos y beneficie a otros. Nadie se beneficiará. Todo el que ame a Irán, todo el que ame su país, a su pueblo y su propia seguridad ha de saber que, si las elecciones se celebran con desgana, eso no beneficiará a nadie; lo que sucederá es que perderán todos, todos saldrán perjudicados, no que unos sufran daños y otros se beneficien; no. De manera que, en eso que hemos dicho de mostrar la fuerza y el poder nacionales, donde se ve y se exhibe la fuerza y el poder del país es en las elecciones.

Además de eso, las elecciones comportan también otros logros. Uno de ellos es que, si las elecciones se celebran con pujanza, los electos tendrán fuerza también. Si, por ejemplo, acudimos con fuerza a las elecciones a la Asamblea —las elecciones que tenemos ahora ante nosotros son las parlamentarias—, tendremos una Asamblea fuerte. Una Asamblea fuerte puede hacer cosas importantes y dar grandes pasos; por tener un fuerte respaldo, ¡cómo no! En las elecciones presidenciales, si las elecciones son animadas, robustas y muy concurridas, el presidente y el gobierno tendrán manos libres para hacer grandes cosas, para emprender grandes obras; es así. Así que unas elecciones fuertes tienen como resultado el progreso del país; tienen como resultado beneficiar al país y eliminar los problemas del país. Ese es el resultado. De ahí que digamos que unas elecciones robustas son uno de los pilares del progreso.

Otro logro es el crecimiento político de los participantes en las elecciones, en particular de los jóvenes. Se trata de una ocasión muy valiosa para nosotros, para que durante el período electoral nuestros jóvenes crezcan políticamente —en los debates, en las comparaciones, en las argumentaciones, en lo que dicen los partidarios de un candidato electoral y lo que dicen sus opositores, en los intercambios—. Ese crecimiento político, ese poder analítico que adquieren nuestros jóvenes no es poca cosa; es algo muy valioso, especialmente para nuestro país. Una vez que aumente la capacidad de análisis de nuestra juventud, los embelecamientos del enemigo quedarán neutralizados, sin efecto. Cuando se adquiere capacidad analítica, se conoce al enemigo, se conocen sus maneras de actuar, las cosas que hace el enemigo y las formas de hacerle frente. Esa capacidad de análisis es, me parece a mí, un logro muy importante. De manera que todos los miembros de la nación, todos aquellos a quienes se dirigen estas palabras sobre las elecciones sepan que introducir el voto en la urna es un acto fácil con resultados enjundiosos. Participar en las elecciones no es al fin y al cabo tarea difícil. Es una tarea fácil, que no requiere poner nada de uno mismo, pero que tiene grandes resultados, algunos de los cuales ya he señalado.

Ahora bien, ustedes son jóvenes y muchos votan por primera vez. Yo creo mucho en nuestra juventud, en la joven generación de nuestro país. Los jóvenes dan ímpetu en todos los campos, van por delante y transmiten entusiasmo, y en este campo también es así. También en este campo pueden los jóvenes ir por delante, generar impulso y crear entusiasmo; además de participar todos los jóvenes, animar también a los demás a participar. Una de las tareas de ustedes los jóvenes es esa: pueden animar razonadamente a los padres, a las madres, a los compañeros de clase, parientes, vecinos y a todos los conocidos. Es algo que se puede hacer.

Claro está que es posible que algunos realmente no puedan participar. Por más que nosotros alentamos a todos a participar en las elecciones, hay algunos que verdaderamente, por el motivo que sea, no tienen la posibilidad de hacerlo. Con esos, no pasa nada, no tenemos nada que decirles. Pero quienes expresan reticencias respecto de las elecciones —que lamentablemente los hay, tanto los que expresan su propio desinterés como los que incitan a otros a la abstención—, en mi opinión, deberían pensar un poco más sobre estas cuestiones. No votar no sirve de nada. Dicen que votar puede ser inútil. Ahora, ¡puede que sea útil! Es decir, que al votar existe la probabilidad de que resulte útil, mientras que en no votar no existe probabilidad alguna de utilidad.

No votando no se consigue nada, mientras que votando… En fin, un servidor lo que dice es que se consigue, pero el que alberga dudas tiene que admitir que es posible que se consiga algo. Por lo tanto, no hay ningún razonamiento [válido] detrás de no votar, como para decir nosotros que no se tiene que votar. A fin de cuentas, con eso no resuelve ningún problema. La abstención de algunos no solo no resuelve ningún problema del país, sino que resulta incluso perjudicial, porque, al fin y al cabo, si usted no vota, otra persona votará y es posible que salga elegido alguien que usted no quiera que salga. Si usted vota, es posible que lo impida, con un voto o con una suma de votos. En definitiva, lo que quería decir es esto: todo el que ame Irán, todo el que ame la República Islámica, todo el que ame la Revolución, todo el que ame la fuerza y el poder nacionales, todo el que ame el progreso… debe actuar en las elecciones; y debería participar en las elecciones con fogosidad.

Las elecciones son una oportunidad y esa oportunidad debe aprovecharse. Eso, además de beneficiar al país, frustra a sus enemigos; frustra a gente como los políticos de Estados Unidos, la CIA, los inicuos y pérfidos sionistas y demás, que están ahí agazapados, escudriñando todos y cada uno de nuestros asuntos. La participación en las elecciones frustra a los enemigos. Este era mi idea principal.

Se pregunta acerca de “el más apto”. En definitiva, las personas que entran en la arena electoral son todas aptas. El Consejo de Guardianes y demás organismos de supervisión los han estudiado y han llegado a la conclusión de que son aptos; por tanto, lo son. Pero ustedes quieren elegir al más apto. ¿Quién es el más apto? ¿Quién posee mayor aptitud? Un servidor ha apuntado algún que otro criterio: aquel que, en materia de observancia de la religión y cumplimiento del derecho religioso, sea mejor y esté más adelantado; aquel que insista más en la independencia del país, en que el país no penda de una u otra potencia mundial, y quiera realmente que sea independiente; aquel que crea firmemente en la lucha anticorrupción, en que la corrupción debe ser combatida; aquel que sea más serio respecto del interés nacional —es decir, que esté dispuesto a sacrificar sus intereses personales al interés nacional, que prefiera el interés nacional a los intereses personales—. El más apto es quienquiera que posea esas características: la cuestión de la religión, la cuestión de la independencia, la de la lucha contra la corrupción y la del interés nacional.

Los celos partidistas deben dejarse de lado. Debe verse, en los distintos casos, qué es conforme a los intereses nacionales y repercute en la dignidad, el bienestar y el progreso del país y darle preferencia a eso en los conflictos de intereses entre el interés personal, el interés de grupo y el interés nacional. A mi juicio, el más apto es el que ustedes deberían averiguar investigando, prestando atención a lo que se dice, oyendo a personas informadas y conocedoras; no es difícil, no es algo imposible. Al menos, en la medida en que cada persona sea capaz. Por ejemplo, cuando un servidor quiere votar, traen las listas de Teherán —es un ejemplo—; hay distintas listas y uno no conoce a todos; conoce a algunos, sobre otros se pregunta por acá y por allá. Respecto de otros, se tiene seguridad sobre las personas que los han presentado. Al final, pongamos, se escribe el nombre de un conjunto de personas, los candidatos que uno elige, y se introduce en la urna. En esto debería ponerse toda la atención posible.

La cuestión de Gaza es hoy la cuestión fundamental del mundo islámico, como hemos dicho repetidas veces. Hace unos días, señalé en una plática que la cuestión de Gaza, lo sucedido en Gaza, ha dado a conocer al mundo, por un lado, el Islam; ha quedado claro que es la fe islámica el factor que crea semejante poderío y resistencia: la gente se ha mantenido firme bajo los bombardeos, no se ha rendido y no ha alzado las manos frente al enemigo, pese a tantas calamidades como (los sionistas) han provocado. Ha dado a conocer el Islam. Eso es el Islam; eso es la fe islámica. Y por otro lado ha dado a conocer la cultura y la civilización occidentales. La cultura y civilización de Occidente es eso que mueve a que se vean los crímenes provocados por la política surgida de esa cultura y no se esté dispuesto a admitir que eso es un genocidio; que no estén dispuestos a pararlo de verdad. Sí, formalmente dicen algo, pero cuando toca detener ese crimen en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ¡lo vetan! Eso es la civilización occidental. La ignominia de la inhumana política de Estados Unidos y demás llega al punto de que, ya lo habrán oído, un miembro de la fuerza aérea militar de Estados Unidos se inmola prendiéndose fuego. En otras palabras, incluso para un joven criado en esa cultura —incluso para él— se le hace demasiado pesado, repugna a su conciencia. Claro está que, en lugar de una persona, ¡deberían quemarse mil! No lo permite el que estén sumidos en la corrupción. Aun así, da la casualidad de que a una persona se le ha despertado la conciencia y se ha prendido fuego. En definitiva, la cultura occidental se ha dado a conocer, se ha puesto en evidencia y ha revelado cuán corrupta, cuán perversa y cuán despiadada es.

Esperamos que Dios Altísimo depare la victoria total al Islam, a los musulmanes, a Palestina en lo referente a Gaza, y que Dios Altísimo depare a la nación iraní unas buenas y apropiadas elecciones, dignas de este pueblo.

Con ustedes la paz, la misericordia de Dios y Sus bendiciones.

Notas

(1) Elecciones a la XII Legislatura de la Asamblea de Consulta Islámica y el Sexto Período de la Asamblea de Expertos del Liderazgo, celebradas el 1 de marzo de 2024.

(2) El año 1402 de la hégira solar del calendario persa vigente en Irán corresponde, en el calendario gregoriano, al período comprendido entre el 21 de marzo de 2023 y el 19 de marzo de 2024 d.C.