En el nombre de Dios, Clemente y Misericordioso (1).

Wa-l-hamdu li-l-Lah Rabbi-l-Alamín wa-s-salat wa-s-salam ala sayídina wa nabíyina Abi-l-Qásimi-l-Mústafa Muhámmad wa ala álihi-t-tayibina-l- atharina-l-muntayabín sáyama Baqíati-l-Lah fi-l-Ardain (2).

Sean ustedes muy bienvenidas, respetables señoras, en especial las familiares de los queridos mártires y, sobre todo, las familiares de los mártires más recientes, en quienes se manifestaron la fortaleza del país y de la República Islámica. Y gracias a las señoras que han articulado aquí sus palabras; lo dicho aquí —tanto por la esposa y la madre del mártir [Amín Abbás] Rashid, como por la hija del mártir Salamí—, además de ser profundo y significativo, refleja por contenido y significado una mente lúcida y un pensamiento elevado en esas señoras, así como en el conjunto de las abnegadas señoras del país y, desde el punto de vista de la redacción, fue muy hermoso y digno de escuchar. Estoy muy agradecido a todas las señoras, y en particular a estas. Estos son los días de Saddiqa al-Táhira, de Fátima al-Zahra (con ella sea la paz de Dios); diré unas palabras sobre aquella gran figura, y luego sobre la cuestión de la mujer, que es un tema que se plantea hoy a nivel mundial.

En lo que se refiere a Fátima al-Zahra (con ella sea la paz de Dios), si se trata de enumerar sus virtudes, estas no conocen límite; si queremos presentar en pocas palabras a aquella gran personalidad, habrá que decir que fue un ser humano celestial y perfecto, como el resto de los Inmaculados, que son seres humanos, pero pertenecen al Trono Divino, a la esfera celestial. Nosotros, los de la esfera terrenal, no tenemos la capacidad de ver su rango, posición y luminosidad, ni siquiera de fijar ahí nuestra vista, del mismo modo que uno no puede mirar directamente el sol. Esa es la magnitud que alcanza Fátima al-Zahra (con ella sea la paz de Dios); se trata de un ser celestial, de un ser humano celestial, en todas las dimensiones de la vida; tanto por su devoción y humildad ante el Creador —ustedes han oído hablar de sus actos de adoración, de sus súplicas en las noches, de sus oraciones por los demás— como por su altruismo y generosidad para con la gente. Inmersa en el conocimiento de lo divino y espiritual y en la atención a Dios, no pierde de vista lo terreno, no olvida a los seres humanos. En su noche de bodas, regala su vestido de novia a un mendigo, a alguien pobre; pasa tres días ayunando, regalando a un pordiosero su comida de ruptura de ayuno, atendiendo a la gente.

Por la resistencia ante las dificultades y calamidades: ¿quién podría soportar las aflicciones de Fátima al-Zahra (la paz de Dios sea con ella)? También por ese aspecto es un ser humano celestial. Por su valerosa defensa de los derechos del oprimido; por su clarificación y esclarecimiento de las verdades; por su comprensión y acción políticas. Fíjense en cómo todas esas son características de Fátima al-Zahra (la paz de Dios sea con ella).

Como mujer, como persona de sexo femenino, en el cuidado de la casa y del marido, en la crianza de los hijos: cría y hace que surja alguien como Zainab; cría en su regazo a personas como el imam Husain y el imam Hasán. Por su presencia en lugares memorables en la historia: en el valle de Abu Tálib, en la emigración a Medina, activamente en algunas de las batallas del Profeta, en el evento de la Mubáhala… Es una lista que no tiene fin. Fátima al-Zahra (la paz de Dios sea con ella) está adornada con esas características, que no tienen fin. Si queremos expresarlo de manera resumida, era como dijo el mismo Profeta: Sayyídatu Nisá’i-l-'Alamín, «Señora de las Mujeres de los Mundos». Esas palabras se han dicho también de la Santa María, Sayyídatu Nisá’i-l-'Alamín. Según el hadiz, preguntaron al Profeta, y dijo: Maryam kanat sayyídati nisá’i-l-'alamín (3). Ella fue señora de las mujeres de su época, de las mujeres de su mundo, pero Fátima es señora de las mujeres de todo el mundo, en todos los períodos de la historia. Esa es Fátima al-Zahra. De una tal figura es que ustedes aprenden; hacia tal figura avanzan, de tal figura toman sus objetivos y los persiguen. Esos son los puntos a los que, gracias a Dios, prestan atención y deben prestarla las mujeres de nuestra sociedad, las mujeres de nuestro país. Y esto en lo que se refiere a Fátima al-Zahra (la paz de Dios sea con ella).

En cuanto a los temas relacionados con la mujer, que están también planteados en el mundo actual a causa de las injusticias que se han cometido y se siguen cometiendo, mi percepción es que, entre las cuestiones que deben plantearse en relación con el género mujer, hay dos más importantes que todos los demás: uno es la dignidad de la mujer, y el otro los derechos de la mujer. Esto se debe abordar.

En el Islam, la dignidad y posición de la mujer es muy elevada y excelsa. Quizás sea en el Corán donde encontramos las expresiones más progresistas y mejores sobre la mujer, así como los mejores conceptos sobre su identidad y personalidad. Por ejemplo, traigo aquí anotado: en primer lugar, sobre el papel en el origen de la vida y la historia humanas a partir del hombre y la mujer: igualdad entre hombre y mujer. Inna jalaqnákum dákarin wa unza (4); es decir, en la creación de la estirpe humana, que tantos miles de años de historia tiene, y que sabe Dios cuántos miles más continuará, los fundadores de esta estructura fueron un hombre y una mujer. En otras palabras, según la expresión coránica, la mujer ha ocupado la mitad del impacto de la vida de la humanidad.

[En segundo lugar,] en lo relativo al deber general, Dios Altísimo ha creado a los seres humanos con un propósito, para alcanzar un cierto nivel. En ese sentido, en la lógica del Islam, hombre y mujer son iguales, sin ningún tipo de diferencia. Wa man yá’mal mina-s-salihati min dákarin au unza wa huwa mú’minun (5): el impacto de las buenas obras y la fe es igual en el hombre y en la mujer, y puede salvarlos, como aparece en varios versículos del Corán. Esta aleya que he leído está en la sura An-Nisá («Las mujeres»), pero la misma idea se señala en muchas otras aleyas.

En tercer lugar, en lo referido al acceso a las perfecciones espirituales y a sus medios, al igual que para el hombre, cuando la mujer se caracteriza por la fe y las buenas obras, accederá con facilidad a esas perfecciones espirituales, a los rangos más elevados, y tendrá el camino abierto. Vean ustedes, todas estas consideraciones se oponen a ciertos malentendidos, tanto por parte de quienes son religiosos sin haber comprendido la religión, como de quienes no creen en la base misma de la religión. En la bendita sura Al-Ahzab («Los partidos»), dice: Inna-l-muslimina wa-l-muslimati wa-l-mu’minina wa-l-mu’minati wa-l-qanitina wa-l-qanitati wa-s-sadiqina wa-s-sadiqati wa-s-sabirina wa-s-sabirati wa-l-jashi’ina wa-l-jashi’ati wa-l-mutasaddiqina wa-l-mutasaddiqati wa-s-sa’imina wa-s-sa’imati wa-l-hafizina furúyahum wa-l-hafizati wa-d-dakirina Allaha kaziran wa-d-dakirat (6). En todas partes, el hombre y la mujer [aparecen] juntos; diez atributos de primera categoría e iguales para hombre y mujer como siervos de Dios, como siervos fieles. Quienes poseen esas características son objeto del favor de Dios, de Su perdón, de la atención divina, y son dignos de alcanzar los altos rangos espirituales de Dios.

En cuanto a los derechos recíprocos con el hombre, en la bendita sura Al-Báqara («La vaca») [se dice]: Wa la-hunna mizlu-l-ladina ‘alayhinna (7). Esa es la lógica del Corán. Adviertan ustedes cómo se establece una perfecta igualdad entre la mujer y el hombre en cuanto fieles, en cuanto seres humanos, como individuos excelsos. Desde el punto de vista del Islam, la mujer puede participar activamente en la vida social, en los negocios, en la política, en la mayoría de los cargos gubernamentales y en todos los ámbitos de la vida. Lo que la decadente, corrupta y errónea cultura occidental ofrece a la mujer —como ahora mencionaré— es absolutamente rechazado en el Islam. [En el Islam] la mujer es así; con esas ideas sublimes, con esos elevados grados de perfección, con esas posibilidades de progreso, vive en el mundo material y avanza en el mundo espiritual.

Entre los aspectos del Islam relativos a la mujer, están ciertas restricciones en su relación con el hombre. Esas igualdades [que se han mencionado] existen, pero también hay ciertas restricciones en la relación entre la mujer y el hombre, y esto es una característica del Islam, que no se observa en absoluto en la cultura decadente occidental. Y la razón está clara; la razón es que el poder de atracción de los deseos y pulsiones sexuales es fortísimo. Debe ser contenido, y el Islam, con sus normas propias, ha podido hacerlo. Si no se cumplen esos preceptos, la falta de contención hará lo mismo que ha hecho hoy en Occidente; ustedes ya lo oyen, están informados sobre las bandas y tramas de corrupción en Estados Unidos, en Europa y en la mayoría de los países occidentales. A esa categoría pertenece la vestimenta de hombres y mujeres, que es de esas restricciones que existen y que es tanto para el hombre como para la mujer —la cuestión de la vestimenta no concierne únicamente a la mujer—. A esa categoría pertenece el hiyab de la mujer, a esa categoría pertenecen las distancias físicas entre hombre y mujer, a esa categoría pertenece la promoción del matrimonio. Esas son las cosas que mantienen a raya ese peligroso factor de riesgo.

Bien, la dignidad y posición de la mujer en la cultura islámica es conforme a la lógica. En primer lugar, es una posición muy elevada, a la que apenas he hecho una escueta mención. En segundo lugar, es totalmente lógica, en el sentido de que se ajusta a la naturaleza de la mujer y a las necesidades y la conveniencia de la sociedad.

En la perspectiva del Islam, hombre y mujer son dos elementos humanos en equilibrio; en total equilibrio, con muy numerosas características comunes y algunas características distintas, que difieren en razón de la constitución física. Ambos elementos deben desempeñar un papel en el gobierno de la vida, en la continuidad de la especie humana, en los avances civilizatorios y en las necesidades espirituales —¡en las necesidades espirituales!—. En otras palabras, hombre y mujer administran este mundo, como también administran su fuero interno de seres humanos. Una de las labores más importantes que realizan es formar una familia, si bien en la lógica errónea de la cultura capitalista y la cultura occidental la familia ha sido desafortunadamente olvidada. Ahora haré una breve referencia a cómo en la familia existen ciertos derechos; ciertos derechos para la mujer, ciertos derechos para el hombre, ciertos derechos para los hijos; derechos recíprocos entre esos tres elementos: el hombre, la mujer y los hijos.

Bien, abordemos ya el tema de los derechos de la mujer; de la dignidad y posición de la mujer ya hemos hablado.

Sobre los derechos de la mujer, el primer derecho que se debe reconocer a la mujer es el de la justicia en el trato social y en el trato familiar. Justicia en la sociedad, justicia en el hogar; ese es el primer derecho de las mujeres. Eso se debe garantizar; todos tienen el deber de garantizarlo. También los Estados y gobiernos tienen ese deber; el común de la gente, también.

Forma parte de los derechos de la mujer que se preserve su seguridad, inviolabilidad y dignidad. La dignidad de la mujer debe ser preservada. La abyecta lógica del capitalismo anula y pisotea la dignidad de la mujer. En el Islam, uno de los elementos más fundamentales es la dignidad de la mujer, el respeto a la mujer. Según un hadiz, el Profeta dijo: Al-már’atu rayhana wa laysat bi-qahrimana (8). He mencionado este dicho muchas veces, y deseo expresamente que se diga. Qahramán se dice de alguien que administra alguna tarea; por ejemplo, si alguien tiene un jardín, un huerto, un negocio, a la persona que organiza los asuntos y carga con las dificultades, en árabe le dicen qahrimana. Pues el Profeta dice al-már’atu rayhana. Rayhana significa «flor», «planta aromática»; la mujer en el hogar es como una flor. Wa laysat bi-qahrimana; y no una encargada de labores para que ustedes le digan «¿por qué no hiciste esto?», «¿por qué no hiciste lo otro?», «¿por qué no está limpia la casa?». Rayhana: es una flor, y una flor hay que cuidarla, hay que preservarla. Y ella hará que ustedes disfruten de su color, de su fragancia, de sus cualidades. Fíjense, así es como el Islam ve a la mujer.

Hay un lugar en que el Corán, para que se comprenda la importancia de la acción, el pensamiento y el camino que recorre la mujer, presenta un ejemplo insólito: Wa dáraba-l-Lahu mázalan li-l-ladina ámanu-mrá’ata Fir’áun (9). Es decir, Dios Altísimo establece para los creyentes un modelo, un ejemplo, un paradigma, una vara de medir, y esa vara de medir es para todos los creyentes, no solo para las mujeres: Dáraba-l-Lahu mázalan li-l-ladina ámanu. Establece una vara de medir para todos los creyentes. ¿Y cuál es esa vara? Una es la mujer de Faraón, y la otra, wa Máryama-bnata ‘Imrán (10). En otras palabras, todos los hombres del mundo, todos los creyentes del mundo, para ver si el camino por el que van es correcto o no, deben mirar a esas dos mujeres y ver cómo actuaron, qué hicieron ellas. Ese es el camino de su salvación. Así mira el Islam a la mujer.

Los derechos de la mujer en la sociedad deben ser preservados; que no haya discriminación, que hoy existe. Hoy, en muchos países occidentales, el salario de las mujeres es menor que el de los hombres por un mismo trabajo; hoy es así. Eso es pura injusticia. Valoración equitativa respecto a los hombres por el trabajo que realizan —la remuneración—, igualdad de beneficios estatales con los hombres, como el derecho al seguro para las mujeres que trabajan, seguro para mujeres cabeza de familia, días libres específicos para las mujeres y decenas de cosas más; eso debe respetarse. Esto, en la sociedad.

En el hogar, el derecho más importante que tiene la dueña de la casa y mujer del hogar es el amor. La más importante necesidad que tiene y el derecho más importante que posee es el amor, el afecto. En los hadices se recoge que los hombres deben decir a sus esposas «te amo»; que lo digan con claridad, ¡aunque ella ya lo sepa! Ese es el primero [de los derechos de la mujer].

Otro gran derecho importante de las mujeres en el hogar es la ausencia de violencia. En la decadente cultura occidental, son muchísimos los casos de violencia de los hombres hacia las mujeres. ¡Muchísimos! Muertes de mujeres a manos de sus maridos, golpizas a mujeres a manos de sus maridos… eso existe en Occidente; es una de las mayores perversiones. En una historia —por supuesto, es ficción, pero refleja una realidad de Estados Unidos—, un hombre llega a casa y da una paliza a su esposa; así es. Miren, cuando un patrón cultural se difunde, eso pasa. [La mujer] hace algo, se comporta con terquedad, lo desafía, hasta el punto de que tal vez su esposo se enoje y quiera golpearla, [pero] no sirve de nada; no la golpea. Cuando ese patrón cultural se propaga, toma esa forma. Prohibición de la violencia, en la forma que sea.

La dirección de las tareas del hogar: el jefe de la casa, el director de la casa son las mujeres y señoras de la casa. Ayuda del esposo en las tareas derivadas de tener hijos. No imponer a la mujer las tareas domésticas –no se le deben imponer—. Agradecimiento porque, a pesar de la insuficiencia de los ingresos, las mujeres hacen funcionar el hogar; nosotros no solemos prestar mucha atención a ese detalle. Observen ustedes: el hombre obtiene, por ejemplo, un ingreso de la oficina que no varía, y los productos suben de precio, pero el hogar sigue funcionando; a mediodía, la comida está lista. ¿Quién consigue eso? ¿Quién es el artista que hace que el hogar funcione? Otro derecho es dejar abiertas las vías para el progreso y el avance, como son los estudios y la adquisición de conocimientos, o algunos oficios propios de la mujer y similares. Esto es un resumen de la visión del Islam sobre la mujer. Un resumen, porque si alguien se propone explicar la visión del Islam sobre la mujer, una sesión de media hora o una hora no basta. Es mucho más extenso. Esto es un resumen, lo que yo he podido expresar en estas pocas palabras que he expresado.

En las antípodas está la visión occidental, la visión del capitalismo occidental; verdaderamente está en el extremo opuesto. En el Islam, la mujer goza de independencia en su avance y progreso; tiene capacidad, tiene un lugar propio, tiene identidad. ¡Allá no! Allá, la identidad de la mujer está subordinada a la del esposo: usted tiene un apellido y, cuando se casa, ese apellido se desecha ¡y recae sobre usted el apellido del esposo! Eso es una señal, una marca: absorción por el hombre, dominación por la identidad del hombre. La desigualdad salarial, la desconsideración del honor y el respeto hacia la mujer, el ver a la mujer como objeto material. Ven a la mujer como un medio de goce material. Es posible que tal individuo noble respete a su mujer; no hablamos de ese, sino de la actitud general, de ver a la mujer como mero objeto de disfrute. Es eso lo que significan esas bandas delincuenciales que recientemente han causado revuelo en Estados Unidos: que la visión que se tiene de la mujer es la de un objeto de placer. Es un instrumento, un medio. Y cuando eso se instala en la cultura, ni siquiera la propia mujer se da cuenta de que se ha convertido en instrumento; hasta se enorgullece. ¡Se enorgullece!

La destrucción de la estructura familiar. Uno de los principales pecados que ha cometido la civilización y cultura capitalista occidental es haber destruido la estructura familiar; la familia entendida como un conjunto unido, cohesionado y afectuoso, apenas existe ya. Leí en un libro extranjero de una pareja que queda en llegar los dos a la misma hora a casa para tomar el té, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, sabiendo los niños que sus padres a esa hora estarán ahí. La reunión familiar consiste en que, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, llegue del trabajo la mujer, llegue del trabajo el hombre, llegue también el niño —niño o niña—, y después cada uno se vaya a sus asuntos; o bien tienen trabajo, o tienen tareas que atender, o alguna reunión de amigos, o bien van al gimnasio; y constantemente miran a ver si son ya por ejemplo las cinco, que es cuando la reunión debe terminar. ¡Ese es el estado de la familia allá!

Niños que no conocen a su padre, disminución de los lazos familiares, destrucción de la estructura familiar, bandas que cazan a jóvenes muchachas, promoción creciente del libertinaje sexual… ¡llamándolo «libertad»! Acaso uno de los mayores pecados de la lógica y la cultura del capitalismo occidental sea la adopción de todas esas conductas reprobables, ¡llamándolas «libertad»! Seducen, engañan… y lo llaman libertad. Y aquí, cuando quieren propagar esa misma cultura, dicen: «¡Estamos trayendo la libertad!». En realidad, están encadenando, están esclavizando, pero lo llaman libertad. Este gran problema, relacionado con la dignidad y el lugar de la mujer en el ámbito social y familiar, ha pasado a ser parte de la cultura; una cultura errónea y descarriada.

Por otra parte, en el pasado, en siglos anteriores, en Europa no era así; esto se ha intensificado principalmente en el último siglo y en torno a él hasta tomar esta forma, y desafortunadamente ellos mismos insisten en exportar esa cultura a todo el mundo. Los occidentales y los capitalistas insisten en que esa cultura debe difundirse, y elaboran además argumentos para defenderlo. Si la mujer observa el hiyab y se fija a sí misma esas limitaciones, dicen ellos, quedará rezagada en su progreso. La República Islámica ha refutado ese planteamiento erróneo y lo ha aplastado bajo sus pies. En la República Islámica se ha demostrado que la mujer musulmana observante, la señora con hiyab, comprometida con la vestimenta islámica, puede progresar en todos los ámbitos más allá de las demás; puede desempeñar un papel, tanto en la sociedad como en el hogar. Es al amparo de esa perspectiva que en la República Islámica, tras el triunfo de la Revolución, nuestras señoras, nuestras mujeres, nuestras muchachas y jóvenes han progresado en todos los ámbitos —en los datos de educación, en el estado de la sanidad y los cuidados médicos, en esperanza de vida, en los campos de la ciencia y el deporte, en el apoyo en el Yihad—. Esta señora (11) dijo bien: aquellos queridos mártires nuestros no habrían podido dedicarse tanto a esa acción de lucha y esfuerzo hasta alcanzar ese glorioso final —el martirio— si no hubiesen tenido las esposas que tuvieron. Ellas soportaron dificultades; fueron ellas quienes lograron organizar su apoyo de Yihad de tal manera, cooperar con sus esposos muyahidines de tal modo que ellos pudieran situarse en la cumbre del Yihad.

Lo que han sido capaces de lograr en esos campos hoy nuestras señoras, nuestras mujeres, en los centros de pensamiento e investigación, carece de precedentes en la historia de Irán; sin duda. Nunca hemos tenido en Irán esta cantidad de científicas, de pensadoras; nunca hemos tenido esta cantidad de personas capaces de exponer un pensamiento dinámico, de ofrecer soluciones; nunca. No es ya que no las tuviéramos en esta cantidad; ¡ni la décima parte teníamos! Puedo decir que no teníamos ni una centésima parte de esto. A Dios gracias, con el progreso de la ciencia del país entre las mujeres, la República Islámica ha hecho que las señoras destaquen así en el mundo. Ya sea en el campo de la ciencia, en la esfera social, en el ámbito político o en el deporte, nuestras mujeres están, a Dios gracias, en la vanguardia.

Lo último que digo es esto: mi recomendación a los medios de comunicación es que cuiden de no ser un factor para la promoción del erróneo pensamiento de los occidentales. Nuestros medios deben cuidar de no convertirse en instrumentos para la promoción del pensamiento occidental y capitalista, falso y erróneo respecto a la mujer; de no servirles de instrumentos. Cuando se discute sobre el hiyab, sobre la vestimenta de las mujeres, sobre la colaboración entre hombres y mujeres, no vaya un medio de dentro de la República Islámica a repetir lo que dicen ellos, destacando y magnificando sus palabras. Promuevan el Islam, expresen el punto de vista del Islam. La visión del Islam es digna de orgullo. Si nosotros, entre nosotros mismos y en los foros mundiales, presentamos ese pensamiento, esa perspectiva, esa gran y eficaz teoría, sin duda muchas personas del mundo se inclinarán hacia el Islam; y lo harán en especial las damas. Esa es la mejor promoción del Islam y esperamos que, Dios mediante, todas ustedes tengan éxito en esta labor.

Con ustedes la paz, la misericordia de Dios y Sus bendiciones.

Notas

(1) Al inicio de esta reunión, intervinieron la esposa del general de división Golamalí Rashid, comandante mártir de la Base Sello de los Profetas, y la hija del general de división Hosein Salamí, comandante en jefe mártir del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.

(2) «Toda alabanza sea para Dios, Señor de los Mundos, y las bendiciones y la paz para nuestro maestro y profeta Abulqásim al-Mustafa Muhammad, así como para su familia excelsa, pura e infalible, guía de los bien guiados elegidos, en especial para el Imam del Tiempo».

(3) Sheij Al-Saduq, Kitab al-amali, sesión 73, pág. 486.

(4) «En verdad, os hemos creado de un macho y una hembra» (Sagrado Corán, 49:13).

(5) «Y, quien haga buenas acciones, sea varón o hembra, y sea creyente…» (Sagrado Corán, 4:124).

(6) «En verdad, para los musulmanes y las musulmanas, los fieles y las fieles, los devotos y las devotas, los sinceros y las sinceras, los pacientes y las pacientes, los humildes y las humildes, los caritativos y las caritativas, los que ayunan y las que ayunan, los que protegen y las que protegen su sexo y los que recuerdan y las que recuerdan mucho a Dios…» (Sagrado Corán, 33:35).

«Y las mujeres tienen derechos equivalentes a sus obligaciones» (Sagrado Corán 2:228).

(8) «Y Dios pone un ejemplo para quienes son creyentes: La mujer del Faraón» (Sagrado Corán, 66:11).

(9) «Y a María, hija de Imrán» (Sagrado Corán, 66:12).

(10) Kafi, vol. 5, pág. 569.

(11) Referencia a las palabras de la esposa del mártir Golam Alí Rashid.