«En el mundo, los disturbios que se producen son muchos. Fíjense ustedes en Europa, en Francia en particular. Cada cierto tiempo, en las calles de París hay disturbios enormes. ¿Acaso hay precedentes de que el presidente y el Congreso de Estados Unidos apoyen a los alborotadores? ¿Hay acaso precedentes de que les envíen mensajes para decirles que están con ellos? ¿Hay acaso precedentes de que los medios de comunicación que dependen del capitalismo estadounidense, del gobierno estadounidense y de sus esbirros, como son por desgracia algunos países de la región, incluido el gobierno saudí, se pongan en marcha para apoyar a los alborotadores? ¿Hay precedentes de tal cosa? ¿Tiene precedentes que en Estados Unidos proclamen la puesta a disposición de los alborotadores de tal o cual infraestructura o programa para Internet, a fin de que puedan comunicarse cómodamente y seguir haciendo lo que hacen? Algo semejante, ¿tiene precedentes en lugar alguno del mundo, en el país que sea de todos ellos? Pues aquí ha sucedido y ni una ni dos veces, ¡muchas! ¿Cómo pueden entonces algunos no ver ahí la mano extranjera? ¿Cómo puede una persona lúcida no percatarse de que, entre bastidores, están las manos de otros operando en estos sucesos y de que hay otras políticas en acción? Por supuesto, ellos mienten diciendo que los aflige que haya fallecido una persona. ¡Mienten! No los aflige en absoluto. Están contentos, alegres de haber conseguido un pretexto para provocar incidentes (...). Por tanto, el motivo de discusión y de discordia no es la cuestión de si se lleva el hiyab o si se lleva mal (...). El motivo de discordia no es el fallecimiento de una muchacha. No es por esas cosas que hay disputa. De lo que se trata es del principio de independencia y soberanía, de la resistencia, del fortalecimiento y de la autoridad del Irán islámico. Es eso de lo que se trata(...).  Estados Unidos está en contra de un Irán fuerte; está en contra de un Irán soberano e independiente» (03/10/2022).